
jueves, 25 de febrero de 2010
Cuando pase el temblor.

Una de vaqueros.

Nos "acostumbraron" a que la relación natural es aquella que involucra a un hombre y una mujer, pero esto más en el sentido propio de la complementariedad reproductiva, sin embargo ¿Es verdaderamente la reproducción de la especie el sentido mismo del acto sexual como tal? Personalmente estoy convencido que no, porque entonces ¿Qué lugar asignamos a una relación entre dos mujeres ó bien aquella entre dos hombres?
En nuestro país el respeto a la pluralidad (en todas sus formas) no se asemeja ni por aproximación a un hecho cotidiano, es decir a una realidad palpable, pero... También es cierto que el tiempo transforma las creencias. Las influencias que a diario nos llegan traducidas en información a través de los medios de comunicación principalmente, ayudan en grandes dimensiones, por lo tanto no podemos obviar las corrientes que revolucionan el continuo andar de las grandes sociedades.
No pienso ni por equivocación adentrarme en el dílema de sí ¿Se nace ó se hace? Creo que es más importante enfocarnos en el respeto a las diversas expresiones sexuales, defender la posibilidad de gozar de relaciones placenteras y responsables, además de impulsar acuerdos sociales que eduquen contra la homofobia, compromisos que den paso a la tolerancia y por supuesto eviten a toda costa la discriminación.
Nos leemos luego.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Hoy

Disminuyo el volumen del estéreo para escuchar a mis pensamientos, los mismos de siempre, los recientes. Lentamente se empiezan a proyectar imágenes articuladas frente a mí, recortes de experiencias pasadas, recuerdos, vivencias, logros y desencuentros.
Éste año que se extingue con la llegada de las compulsivas compras y los abrazos sinceros, trajo consigo una cantidad exorbitante de momentos que se cuentan de cinco en cinco con cuatro rayitas verticales y una diagonal. Particularmente éste año me atreví a ser más arriesgado, aprendí a nadar y a bailar. Le escribí a esa persona especial mis sentimientos celosamente guardados en el fondo de mi corazón. Me aventuré a emprender nuevos proyectos y también nuevas metas que al transcurrir de los días se convierten en una realidad tangible.
Alguien alguna vez me dijo que era casi imposible hacer buenos amigos al salir de la universidad y sin embargo éste año también conocí a mis nuevos mejores amigos, cómplices todos de desvelos, rupturas y viajes extremos. Compartí más tiempo con mi familia y sin duda he reído bastante, demasiado para ser honestos.
Éste año, trajo consigo incontables fuentes de inspiración convertidas en canciones y detalles, personas, situaciones y coincidencias, demasiadas coincidencias, tantas que no las creo, aportando también el valor para expresarlas y sin duda alguna también la oportunidad de compartirlas.
El denominador común ha sido vivir el día de hoy como si fuera el último, no guardar sentimientos buenos ó malos, por el contrario expresarlos todos. Pedir perdón y decir “te quiero” sin esperar fechas especiales ó citas marcadas en la agenda. Escucharte, entenderte y aceptarte tal cual eres para así escuchar, entender y aceptar a los demás, creer en tu gran capacidad para lograr aquello que se visualiza como imposible. Dejarte sorprender por las cosas simples, tan ordinarias que terminan por ser extraordinarias. Abrazar a los miembros de tu familia sin razón alguna, hacerles saber que te importan y que estás ahí incondicionalmente por ellos y para ellos y por supuesto nunca esperar recompensas por las buenas acciones. Hacer lo correcto y no lo justo.
Un ensordecedor sonido de bocinas me ha vuelto a la realidad, parece que finalmente lograremos avanzar. Subo el volumen a la misma canción y una gran sonrisa se dibuja en mi rostro. Hoy es un día único.
Un abrazo bien fuerte.
Nos leemos luego.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Cuidado, mucho cuidado.

Durante la cena en nuestra segunda cita -para mí la primera en realidad- con tu suéter de color gris y detalles que dibujaban tenues rombos lilas te hablaba de mi escepticismo para entregar “todo”, te contradije e incluso te acusé de confiar demasiado. Te decía que no era sano dejarte simplemente llevar por la situación y la persona y, sin embargo lo hice, soy yo quien ahora se acusa de ingenuo ó en definitiva hasta de crédulo.
Sin embargo no me arrepiento de haberte dado todo, porque ¿Sabes? Tenías mucha razón somos muy parecidos, ambos queremos lo mismo, buscamos a esa persona especial que nos permita dar todo el amor que tenemos guardado y que repartimos entre los miembros de nuestras familias y por supuesto con los amigos. Por esa razón, por tu mirada en la que me perdía a diario, por tu actitud desenfadada, por esa característica tuya de no hacer distinciones entre las personas y por supuesto por tus manos, tu pelo despeinado después de estar recostados en la cama y por esa cara tierna me arriesgué a entregarte lo más preciado y mejor guardado: mi corazón.
Conocí tu lado extremo y me encantó, y festejé tu genialidad para preparar huevos con jamón por la mañana, terminaste por quedarte con mis pensamientos cuando te recostaste en mi pecho y nuestro respirar desnudo se sincronizaba. Nos tomamos fotos y bebimos vodka juntos, nos abrazamos olvidándonos del tiempo y del espacio y no puedo omitir que también nos besamos mucho, demasiado.
Pero un buen día mi intolerancia se hizo presente y de pronto ya no pude quedarme contigo, nos empezó a estorbar algo, pudo ser una basurita en el ojo izquierdo, una piedra en el zapato ó quizá fue una sombra desgarbada; se me hacía imposible esperar a que las cosas se resolvieran solas ó con la varita mágica del Mago Merlín, me lo dijiste: “No necesitas la varita de ningún mago, lo único que deseo es que me quieras mucho” bueno al final del día no bastó sólo con eso, porque no he aprendido a ser paciente cuando están en riesgo mis propias emociones.
¿Recuerdas que te dije que no creía en las coincidencias? Y sin embargo estas nos bombardeaban incesantemente, mi primo dice que cuando más le huyes a algo, más te acosa. No recuerdo cuantas coincidencias nos hicieron reír y temblar al mismo tiempo, sin duda fueron bastantes, una fotografía detrás de un artículo en cualquier revista, un par de tarjetas de presentación, una relación del pasado, nombres, situaciones, lugares, en fin tu sabes que fueron demasiadas pero escuchándote cantar “Human” de The Killers el sábado por la noche llegando a tu casa, me di cuenta que efectivamente las “coincidencias” no son sino más que situaciones curiosas que nos juntan en determinados momentos, esos momentos que se suman de cinco en cinco, con cuatro rayitas paralelas y una diagonal.
Así, que hoy pongo fin a mi relación contigo. Cierro el ciclo de las coincidencias y de las relaciones pasadas. Y nuevamente enfoco mi postura ante este tipo de eventualidades al mismo tiempo que mi cautela exageradamente agigantada se refugia bajo mi almohada.
Nos leemos luego.
viernes, 30 de octubre de 2009
Huevos con jamón.

Se dice -comúnmente- que uno es lo que come, es decir tus hábitos alimenticios hablan mucho de quien eres y yo creo definitivamente que uno también es lo que escribe. A lo largo de éste último año y medio que me entregué por completo al arte de plasmar en letras y palabras mis sentimientos, emociones, secretos, planes y proyectos, aventuras y por supuesto experiencias, he descubierto un nuevo yo, un ser humano que se acepta tal y como es, por consecuencia directa más arriesgado y que día a día intenta poner su mayor esfuerzo para hacer de éste mundo tan complicado pero animado, un mejor lugar para vivir… Error: convivir.
Pues bien, mientras a nuestro alrededor, en los billetes de cien pesos que conmemoran el centenario de nuestra revolución mexicana, equivocadamente se lee una leyenda que ha pretendido definir nuestra mancillada democracia a lo largo de años; al exterior de algunos antros y bares del “Defe” un grupo de fundaciones han dispuesto colocar autos colisionados para fomentar en los jóvenes un consumo responsable del alcohol, esta mañana te desperté para que me prepararas el desayuno.
Ayer ó mejor dicho hoy muy cerca de la una de la mañana, cuando manejabas tu auto rojo a un costado del mío y con tu mano derecha hacías señas para despedirte efusivamente, nuevamente corroboré mi teoría acerca de que todo lo que nos pasa es indudablemente porque somos nosotros mismos quienes lo buscamos. Nos damos a la tarea de inconsciente ó bien muy conscientemente, con toda la claridad que nos provee el tener nuestros objetivos bien plateados, encontrar lo que andábamos buscando, y es así, cuando de la nada casi intempestivamente sucede algo que nos obliga a andar por la vida con nuestros pensamientos enclavados en otro tiempo y espacio.
Les decía que hoy desayuné huevos con jamón, en un lugar cálido que me hizo añorar el tiempo compartido con uno de mis personajes favoritos de la historieta de mi vida: mi primo. Los detalles, los juguetitos meticulosamente colocados en lugares específicos, los colores vivos y hasta las numerosas plantas me recordaron cuanto ha significado para mí reencontrarme con él y, lo mucho que lo extraño para platicarle sobre ésta nueva aventura que recién está comenzando, sé que seguramente me va a cuestionar ¿Cuánto significa mucho? Y por eso debo aclarar que mucho siempre será “un montón”.
Mi teléfono móvil está vibrando, es la tercera vez en un periodo de cinco minutos -más, menos- y de repente la expectativa de escucharte se hace menor, me está gustando mucho esto de tenerte presente en mis pensamientos y caray… ufff… por supuesto me ha encantado la apasionada sesión de besos en tu cocina repleta de una increíble colección de vacas lecheras mientras lavabas los trastos…
Así que efectivamente, uno es lo que come… y escribe.
Nos leemos luego.
martes, 25 de agosto de 2009
Viaje a las Estrellas

Sin embargo, son pocos los verdaderamente arriesgados, quienes, al pasar de los años mantienen aún presentes las expectativas que se forjaron en la infancia. José Hernández, un mexicano nacionalizado estadounidense con casi cincuenta años de edad, es la prueba fiel de que los sueños que se poseen cuando se es niño, se pueden convertir en una realidad. En un par de días el Discovery -primer transbordador espacial cuya tripulación cuenta con dos miembros de origen hispano, entre ellos Hernández, quién en recientes entrevistas confesó que desde niño quiso volar al espacio- aguarda pacientemente su lanzamiento y cumplir así una misión de trece días en la Estación Espacial Internacional.
Particularmente este fin de semana, una persona a quien admiro mucho y cuya manera de conducirse, además de su desarrollo profesional han influido en el mío propio, compartió conmigo una reflexión sobre las sueños, el trabajo, la dedicación y el esfuerzo que implica cumplirlos: “El verdadero éxito en la vida se basa en la sabiduría que nos brinda la capacidad de adaptarnos a las condiciones de la vida misma”
Así que, lejos de frustrarnos cuando creemos que las circunstancias nos obligan a olvidarnos de nuestras metas ó nuestros sueños, es justo que volvamos la vista y recapitulemos nuestras acciones para de ésta manera orientar de nuevo los objetivos que verdaderamente son primordiales, porque, en definitiva los sueños cambian a medida que acumulamos vivencias a lo largo de nuestra existencia, pero lo que nunca debe modificarse es la ilusión de creer en uno mismo y en los demás, la fe para continuar soñando y la fuerza de voluntad para convertir aquello que más anhelamos en una realidad.
Gene Roddenberry (creador de Star Trek) lo sabía, llegaría el momento en que más de uno desearíamos tripular la nave Enterprise para emprender nuestro propio viaje a las estrellas.
Nos leemos en el espacio.
miércoles, 19 de agosto de 2009
El camino a la perfección.

Estoy sentado en la terraza de un reconocido café literario de la ciudad más importante de éste país que horas más tarde reportará su cifra más elevada de asesinatos intencionales -más de cincuenta en un solo día- el clima es cálido y por momentos una brisa suave refresca mi rostro.
He leído únicamente diez páginas de éste libro nombrado por su autor “Sputnik, mi amor” y ya me he encontrado con una frase que me ha obligado a detener mi lectura, beber otro sorbo de refresco de cola sin azúcar y recapitular mi aventurado día: “En nuestra vida imperfecta las cosas inútiles son, en cierta medida, necesarias. Si de la vida imperfecta desaparecieran todas las cosas inútiles, la vida dejaría de ser, incluso, imperfecta”. Estoy en ésta ciudad porque acudí a un evento del gremio veterinario -para lo cual también tuve que vestir formalmente, ya que, entre la selecta lista de invitados se incluían importantes figuras de la función pública- y por supuesto también, para comer juntos mientras charlamos sobre aquellos temas pendientes.
Sin embargo, previo a éste momento de calma que es interrumpida por las cada vez más ruidosas carcajadas que se pierden a lo lejos, el día de hoy comenzó muy temprano, justo cuando opté, por la premura del tiempo, ducharme con agua fría a las cuatro de la mañana después de programar erróneamente mi despertador a las 3:00 p.m. y no a las 3:00 a.m. (la imperfección se hizo presente) razón por la que no se cumplió con el objetivo para el que están diseñados todos los relojes despertadores: anunciar con una misma estridente melodía que es hora de abandonar la cama, a pesar de ello me despertó el conductor del taxi que pedí la noche anterior como parte de los preparativos que afanosamente intentaban impedir cualquier contrariedad para acudir puntualmente al punto de reunión de donde el transporte contratado que habría de trasladarnos al lugar del evento partiría a las 4:30 horas anticipándose a los largos periodos de tiempo perdidos por el atemorizante tránsito (no tráfico como comúnmente es llamado) vehicular que obligadamente incluye el visitar esta ciudad; en veinte minutos -un tiempo record, debo reconocer- estuve casi listo y digo casi porque terminé poniéndome los zapatos, las mancuernillas, la corbata, el reloj y el cinturón en el interior del taxi. Llegué retrasado solo por escasos minutos.
Sentado en la misma terraza del mismo reconocido café literario, me he puesto a pensar en la exigida tarea de crear una “vida perfecta”: elegir una profesión, estudiar cuatro ó cinco años, graduarte, conseguir un trabajo, continuar estudiando, comprar un auto, enamorarte, adquirir una casa, casarte, tener hijos, formar una familia y vivir de acuerdo a los estándares de la sociedad. Lo más curioso en este caso es que al final del día somos nosotros mismos quienes creamos el concepto de la perfección. Pero ¿qué sucede cuando la imperfección es parte de lo que eres y sientes?
Mi reloj marca las 13:30 horas, momento en el cual el entorno cambia por completo, se ha transformado en el íntimo ambiente de un restaurante, contigo justo frente a mí, en la mesa hay dos platos uno contiene una ensalada de pollo y el otro puntas de res en salsa de cacahuate, hemos decidido charlar sobre los temas pendientes, impacientes los dos, inexpertos los dos, tanto que no esperamos al postre para endulzar la charla que amenazaba con no ser lo que ambos queríamos, pero que sin duda alguna era necesaria.
Me has preguntado con tu característica actitud arrebatada ¿Por qué miras tanto mi boca? Reí, pero no te respondí. Me pareció que era obvio, el lenguaje corporal nunca se equivoca, la única razón justificada es que moría de ganas por besarte y guardar en mi memoria el sabor de tus labios.
La charla continuó, los temas nunca fueron los mismos, me confesaste incluso algunas de tus preocupaciones y temores. El tiempo pasó demasiado rápido según mi percepción y llegó la hora en la debías volver a la oficina a calcular el pago de los impuestos y realizar algunas llamadas telefónicas, yo por el contrario no tenía nada que hacer, pensé esperarte pero las probabilidades de que salieras a tiempo eran poco favorables, parece que poco a poco me estoy acostumbrado a tus horarios de oficina tan acaparadores.
Así que nos despedimos y si, efectivamente tenías mucha razón, lamentablemente las despedidas son muy difíciles, “Es espantoso cuando te despides de alguien que quieres que no se marche, que quieres y que anhelas permanezca a tu lado y que te abrace bien fuerte. La sensación de vacío es casi incontrolable y sufres porque la distancia impide el permanecer juntos en todo momento” dijiste, mientras tomábamos el café después de comer. Aún no nos alejábamos lo suficiente y ya comenzaba a extrañarte, pero súbitamente mi teléfono móvil vibró, era un mensaje tuyo que agradecía cariñosamente los momentos compartidos.
¿Acaso fue una tarde perfecta? Definitivamente no. Fue definitivamente imperfecta, porque así tenía que ser, porque así quisimos que sucediera, porque en la medida en que algo no es perfecto, se convierte en la causa obligada para mejorarla. Fue, simplemente, un breve encuentro casi perfecto. Tan cercano a lo perfecto que permitió que considerara inútil el frustrarme por el imprudente que no paró de discutir por teléfono mientras yo pretendía dormir en el autobús de vuelta a casa después de una “desmadrugada” y mucho menos con el final de la película donde tontamente la protagonista elige -muy para pesar de todas y todos- a la persona incorrecta y por supuesto tampoco me frustraron los extranjeros que te acosaron el fin de semana, porque si de algo estoy completamente seguro es que ninguno podrá robarte el corazón.
¿Crees que podríamos llegar a ser la pareja perfecta? Por favor di que no y así cada día nos veremos obligados a caminar juntos el camino hacía la perfección, nuestra particular percepción de la perfección donde las cosas inútiles como los finales de las películas que no nos gustan, lidiar con los extranjeros, ducharte con agua helada ó tropezar con la acera y pretender que no sucedió nada son, sin más, cosas insignificantes que rodean nuestras vidas casi perfectas.
Estoy a punto de caer profundamente dormido así que antes de rendirme a lo que bien parece será un merecido descanso, quiero prometerte una cosa: siempre te abrigaré con mi saco ó mi chamarra ó mi suéter y si no tengo nada que te haga olvidarte del frío, te doy mi palabra de abrazarte bien fuertototote.
Nos leemos luego.