lunes, 3 de agosto de 2009

Jonás & Dalia

Con éste concursé en la convocatoria lanzada por MTV y My Space en el marco de la XVII Conferencia Internacional sobre el SIDA en la Ciudad de México. El objetivo era contar el fin de una historia con sólo 5 líneas como referencia.
Por tercera ocasión echo un vistazo a mi reloj que marca justo las 4:27, nuevamente un sudor frío ha comenzado a invadir todo mi cuerpo, creo que nunca me acostumbraré a experimentar ésta sensación. En mis manos tengo el sobre que ha secuestrado mi tranquilidad y mi esperanza para el día después de hoy, mi mañana se visualiza como una mala película, confusa y con un desenlace fatal. ¿Dónde quedan los planes y los sueños y las esperanzas? Éste sobre se ha convertido en mi sombra, en mi confidente y al mismo tiempo es quién me impulsa a continuar sobreviviendo en un país multicultural que coexiste a diario con la diversidad pero que se ofusca ante la convivencia con sujetos como yo. Un sobre que envejece conmigo, que ríe y llora, que sueña y ahora mismo se ilusiona. Un sobre que ahoga en un grito un resultado que desde hace tres años me convirtió en parte de una estadística, que me sumó a la cifra de 42,042 infectados por el VIH en México. Un sobre que me acompaña siempre y que guardo celosamente muy cerca de mí para recordarme que mis acciones tienen consecuencias. Sentado en la banca de siempre frente a las nieves de Don Lupe, la sombra de los árboles se proyecta como mi fiel aliada mientras el tiempo parece detenerse. En los días como hoy echo mucho de menos a Dalia y los momentos que pasábamos juntos. Nuestra relación fue algo único, trece meses en los que ella era todo para mí y estoy seguro que yo también lo era para ella. Nunca tuvimos un disgusto fuerte y nunca dejamos de querernos. Hasta aquel día que tuve que confesarle que tenía el virus. Es cierto, nadie nos prepara para enfrentar una situación así. Dalia me insultó y me pidió que no la buscara más. Me confesó que fui su primera vez, el primero en estar dentro de ella, no lo podía creer pero ella nunca me mintió, me pidió tiempo, tiempo para no verme, tiempo para pensar... tiempo. Me enfrenté a una decisión muy dura, me costó mucho darle el espacio que ella me pidió, aunque ello significó alejarme por completo, no verla más, no sentirla, no tocarla, no besarla, no estar junto a ella. La distancia entre nosotros se hizo enorme. Fui el único culpable en todo éste lío. Me acabó el pensar que la perdí. ¿Debí luchar incansablemente por ella? ¿Aún cuando parecía que ni en el final podía respetar sus decisiones? Si en verdad la amaba porque no podía olvidarme de ella para devolverle su tiempo y su espacio de los que me adueñé intempestivamente y su libertad que secuestré como un criminal aficionado y sus oportunidades que arrojé al vacío. Soñaba que todo volviera a ser como antes y que juntos lucháramos para salir adelante. Pero no sucedió... La mañana del 17 de abril, sólo seis semanas después de confesarle toda la verdad su madre me llamó para informarme que Dalia se había suicidado. Tenía dos meses de embarazo. No dejó ninguna nota para mí. Nunca pude responderle desde cuando tenía el virus. Ahora sé que quién me contagió fue Brenda. Tomábamos la clase de Diseño Urbano juntos. Una sola noche bastó para que mi vida sufriera una metamorfosis. Después de trabajar en un proyecto hasta muy tarde en su casa, me sorprendí con los pantalones abajo teniendo relaciones con ella en la cocina. Ni siquiera nos desvestimos. Al cabo de 20 minutos ya me encontraba conduciendo hacía la casa de mis padres. Sucedió mucho antes de conocer a Dalia. Nunca le fui infiel. Ni siquiera me he acostado con 10 o 15 mujeres. Dalia fue la cuarta. Pero los descuidos nos dejan un muy mal sabor de boca... Por cuarta ocasión miro mi reloj, justo las 16:56. Ya solo faltan cuatro minutos para las cinco. Para darle mi mejor cara a la mejor parte del día. De pronto, como ha sucedido durante los últimos setenta y seis días, la tarde comienza a proyectarse con una majestuosa nitidez. El cielo es infinitamente azul y el sol esta brillando con más intensidad que cualquier día común. Me deshago de los pensamientos con lo que he aprendido a convivir aún cuando se empeñan en atacar a la menor provocación con una estrategia tan meticulosamente elaborada que terminan por librar muy dentro de mí, en mi cabeza, en mis entrañas, en mí interior batallas de horas, días enteros, semanas. Estoy esperando a quién me ha conducido por el camino menos maltrecho a una nueva ilusión. Margarita que parece caminar entre nubes hacia mí, sorteando a los peatones, a la señora del puesto de periódicos y a dos niños que la han hecho participe de un improvisado juego de pelota. Nos saludamos con un beso en la mejilla. De pronto su semblante se ha tornado tenso. Su mirada se posa en mi fiel seguidor, el bendito sobre. Con un rápido movimiento me ha arrebatado el sobre, ha tomado mis dos manos en las que deposita ya no un sobre arrugado con furia sino un recuerdo olvidado del pasado. Únicamente una mirada bastó para decidirnos a botarlo juntos en el contenedor de basura. Se ha inclinado hacía mi acercando su boca a mí oído para susúrrame que me ama, que me lo ha dicho mil veces, que soy un ser humano como cualquiera que lamentablemente tomó una mala decisión y que juntos superaremos éste duro proceso. A partir de hoy mi mañana se llenará con la sencillez de una margarita a la que prometo no deshojar ni lastimar. Después de un largo beso, caminamos tomados de las manos atravesando el parque, con la plena determinación de hacer una escala en las nieves de Don Lupe.
Nos leemos luego.

He renunciado a ti

Renunciar. El diccionario de la Lengua Española en su vigésima edición define el significado de la palabra como el hacer una dejación voluntaria, dimisión o apartamiento de algo que se tiene, o bien se puede tener; desistir de algún empeño o proyecto y privarse o prescindir de algo o de alguien. En términos breves renunciar es sinónimo de abandonar, alejar, abdicar.

Puede leerse sencillo, pero detrás de ésta palabra se esconden los más aguerridos enemigos, aquellos que no se dan por vencidos a la primera de cambios. Son esas sombras que te siguen sigilosamente para hacerte dudar, para acorralarte y entonces hacer que desistas de tus decisiones que te han costado tanto, vaya que al final del día su único propósito es hacer que renuncies a lo que pretendes renunciar.

¿Complicado? Personalmente creo que no, porque todo depende del cristal a través del cual se mira. Puedes elegir facilitarte las cosas o complicarte con miedos, temores y vacilaciones.

Si todos optáramos por la primera opción, entonces el tomar éstas decisiones sería un juego de niños y cualquiera en éste país multicultural podría renunciar a su trabajo mal pagado no sin antes gritarle unas cuantas verdades al jefe que nunca pagó el tiempo extra y decirle a la cara que carece de elementos para funcionar como un buen líder. Otros tantos renunciarían a su función como servidores públicos porque simplemente tienen muy presente su incapacidad para desarrollarla de la mejor manera posible, los políticos y burócratas también abdicarían. Los investigadores renunciarían a su trabajo que no brinda resultados prometedores ante la cura de los grandes males que nos aquejan. Aquellos que se aferran a una relación que dista mucho de ser amorosa la abandonarían; los egoístas se privarían de los bienes materiales que atesoran pero saben bien que alguien más podría necesitarlos y los olvidados rechazarían el anonimato. Los cobardes se alejarían de su lugar seguro para arriesgarse a llegar más lejos y los valientes se apartarían de los cobardes porque sin unos no existen los otros. Los escépticos prescindirían de su falta de fe y los religiosos de su fanatismo.

Ahora mismo estoy convencido que renunciar es evolucionar, transformarse, reinventarse, es dar el siguiente paso. Por ésta razón los inconformes renunciamos a los convencionalismos. Los bien intencionados renunciamos al instituto político al que tanto le dedicamos y con el que desde el inicio nos comprometimos incondicionalmente porque llegado el momento de actuar y demostrar de lo que estábamos hechos, nuestros “lideres” simplemente se dejaron vencer mucho antes de que diera inicio el combate. Los arriesgadamente valerosos renunciamos al círculo de amigos con los que únicamente aprendimos a vivir de prisa, a querernos comer el mundo de un sólo mordisco, a coexistir con estereotipos banales y a juzgar sólo por pura diversión. Los de espíritu independiente renunciamos al hogar que nos vio crecer para perseguir nuestra libertad, nuestro espacio y nuestro propio orden. Los liberados nos atrevemos.

Lo importante cuando renuncias es llevarte contigo todo lo que puedas y no me refiero a la engrapadora o al paquete de quinientas hojas blancas sino a las experiencias, los recuerdos, los momentos especiales y las vivencias.

Lleva todo contigo, no dejes nada abandonado en cajas de archivo muerto, atesora las experiencias de vida y el aprendizaje adquirido, lleva también contigo los recuerdos de familia, incluidos aquellos que te ruborizan y también los que hoy te identifican y te hacen formar parte de ella, súmale los tropiezos que sin duda te han hecho mucho más fuerte, agrega también las risas y los juegos, los logros y las equivocaciones. Los amores y los desencuentros. Los pleitos y también las reconciliaciones. Pero aún más importante compártelo, no lo guardes únicamente para ti, porque entonces necesitas renunciar también a tu egoísmo.

Renunciar es un concepto que únicamente tiene sentido para aquellos que arriesgan el todo por el nada, el sí por el no, el reto por la costumbre. Renunciar es hacer tuya la oportunidad de volver a comenzar.
Sólo por hoy ¡Atrévete!

Nos leemos luego.

Realmente no estoy tan solo

Hoy de nueva cuenta al despertar te noté en el lado izquierdo de mí cama, una vez más velaste mis más íntimos sueños, y como un ángel guardián me has prometido quedarte conmigo a lo largo del día.

Tomamos juntos el cereal con leche y frutas. Mientras manejaba rumbo a la oficina sintonizaste nuestra canción favorita, me ayudaste con la nota de prensa sobre los renovados procesos electorales en nuestro país y también, juntos revisamos los correos electrónicos que incluían la buena noticia de nuestra próxima publicación. Por último cenamos acompañados de una copa de vino tinto y de las sonrisas sinceras con los amigos de siempre.

Al llegar a casa, y justo antes de dormir, cuando cepillaba mis dientes, me sonreíste frente al espejo y pude ver que mi rostro y el tuyo eran uno sólo. El rostro de quién se ama y acepta sin condiciones, el rostro satisfecho de aquél que se atreve a desafiar al tiempo y al espacio, el de un ser humano que se aferra a la vida y da valor a aquellas cosas que realmente importan, dejando de lado las banalidades y las falsas expectativas. El rostro de quién sueña con lo imposible, aunque tenga que morir en el intento para crear posibilidades que le permitan concretar aquello que se vislumbra como inexistente. De quién disfruta de su propia compañía y que sin temor, se arriesga a reconocerse a diario. El rostro, de aquél afortunado que se sabe querido por su más íntimo cómplice, su ser mismo.

El fiel aliado con quien comparto mis sueños, mis logros y todos los buenos momentos, las noches buenas y las comidas afuera, cervezas y cigarros, el mismo que incondicionalmente camina a mí lado en todo momento y que me hace sentir seguro a cada instante.

En ocasiones la propia realidad cotidiana que no envuelve nos obliga a dudar acerca de las decisiones que tomamos y que nos fortalecen, las mismas que nos exigen probar ser más arriesgados y más humanos ante los retos propios de estar vivos. La realidad que nos hace pensar en aquello que más de uno teme en las noches más frías y lluviosas: la soledad.

Sin embargo sentirse solo es meramente un sentido tradicionalista, al final del día realmente nadie está completamente solo, muy por el contrario siempre estaremos rodeados de nuestros propios temores y afectos, nuestras capacidades, expectativas y nuestras experiencias generadoras de recuerdos atemporales.

Vivir en tu depa de soltero, quedarte sin cita un jueves por la noche, ó comprar un solo ticket en la taquilla del cine para ver Star Trek, son elecciones propias que se disfrutan de la misma manera que nos deleita el capturar una foto inspiradora, leer un buen libro ó bien escribir unas cuantas líneas.

El concepto de la soledad se asocia al aislamiento, a la incomunicación y a la melancolía, pero también es cierto que quien no se siente bien consigo mismo, quien no se acepta, se gusta y se quiere (la entusiasmada concepción de autoestima) por consecuencia directa no le va bien intentando ciegamente querer a alguien más, porque al pretender perderse en la mirada del igual, termina perdiendo algo más íntimo y esencial, la congruencia y honestidad.

Hace algún par de meses presencié una plática en la cual la conferenciante aludía mucho al término egoísmo, pero un egoísmo sano que se apega más al amor propio, a anteponer nuestros intereses y convicciones a los convencionalismos establecidos.
Sin duda debemos ser un tanto egoístas, desarrollar la práctica de cultivar nuestro ego, alimentarlo tanto para que al final del día seamos nosotros mismos quienes elijamos la manera en la que queremos vivir, y en definitiva querer a nuestro propio yo como quieren los niños, justo hasta a la casa de los príncipes y las princesas -ahora también se le han sumado las hadas- para que no temamos ni por equivocación quedarnos solitos en casa.
Nos leemos luego.

Expulsación

¿Te has preguntado alguna vez, porqué suceden las cosas de tal ó cual manera? Ayer mismo yo me cuestioné lo mismo, la respuesta aún no la sé. Pero me encantaría averiguarla, porque aunque estoy seguro que una decisión que crees acertada puede dar inicio a nuevas etapas y experiencias, también es capaz de herir a las personas que más quieres, dejándote al final una sensación de vacío tan inmensa, sofocante y hasta lastimera que te hace vacilar y dudar para continuar avanzando.

Hoy después de cinco días de descanso obligatorio volví a mi vida habitual, -o lo más parecido a ella- es decir regresé a la oficina. Después de los buenos días y el primer café; la junta del lunes (miércoles en éste caso tan particular) me abasteció de la noticia del regreso ineludible a nuestros hogares, la situación epidemiológica que actualmente despunta en nuestro país se proyecta como más atemorizante que tranquilizadora. Por supuesto mi actitud no fue de complacencia sino más de pesar, de preocupación por la crisis de pánico que cada día se extiende desmesuradamente entre la mayoría, de temor ante las medidas precautorias que parecen no brindar resultado porque para infortunio de los clasemedieros –me incluyo por consecuencia circunstancial- nos cuesta bastante creer y confiar en los legisladores, gobernantes y demás figuras públicas de nuestro México, lindo y por el momento “influenziado”.

Así que me encuentro escribiendo éstas líneas en mi compu, que sin duda alguna comienzan a desentrañar la respuesta tan esperada…

Este fin de semana largo, con la influenza humana de escenario fue especialmente controversial, personalmente hablando. Fue, en resumen una sumatoria de calificativos protagonistas de emociones encontradas. Pronunciados entre ellos un “te amo” con sabor a cine de martes y pizza de miércoles, uno de esos te amo que se saben sinceros y honestos, pero con esa misma honestidad y contra todos los pronósticos un te amo no correspondido, un “¿te han dicho que eres muy inteligente?” y hasta un “te ves lindo cuando duermes”, sí, ese me gustó mucho -sobre todo porque ronco a horrores- aunque usted no lo crea…

Pero, como en todos los cuentos hay que darle un giro a la historia feliz, vaya que hay que ponerle un poco de misterio y saborcito agridulce para que al final cuando se lea “y vivieron felices por siempre” estemos realmente convencidos que en efecto, los protagonistas de nuestras historias vivirán felices porque habrán de morir en el intento para lograrlo si es necesario, también es mi deber confesarles que igualmente fue lanzado maliciosamente un misil donde se leía un “me parece que juegas con las personas” y una palabra más que inicia con “mani” y termina con “pulador” (manipulador para los que dudaron un poco), demasiado fuerte ¿no les parece?

Rebobinando el casette (en los 80´s aún no nos tocaba el DVD) para hallar la razón de ser de este comportamiento, me encontré que durante la mayor parte de mi infancia, mis juguetes preferidos siempre fueron los PlayMobil (aunque la espada de He-Man también era una de mis favoritas: “por el poder de Grayskull…” y el envase de Frutsi en la Bimex por supuesto) para mí, el coleccionar pequeños seres para crear pequeñas poblaciones, inmersas en pequeñas ciudades, colonias y sociedades era cosa de niños, con los integrantes del barco pirata, el salvaje oeste ó el castillo medieval, todos y cada uno de ellos perfectamente adaptados, meticulosamente sincronizados y estratégicamente establecidos para que de esta manera no se combinaran los unos y los otros, así los piratas no podían ni por equivocación construir un puente ó bien disponer la vialidad frente al colegio y por consecuencia directa los caballeros medievales tampoco eran los protagonistas de las historias del viejo oeste.

Lo que quiero comunicar es, que cada quien jugaba con su cada cual, todos desempeñaban un papel determinado en sus mundos con guiones minuciosamente asignados, un rol de mucha importancia, porque si alguno de ellos enfermaba, huía por la ventana al jardín junto a la casa del perro o bien se escondía hasta el fondo del armario, simple y llanamente la aventura no era la misma, la misión encomendada para los pueblos y los castillos no se cumplía, así que todos, desde el astronauta hasta el sheriff eran por demás importantes. No podían existir los unos sin los otros aunque ello significara que habitaran en universos paralelos los cuales nunca se encuentran.

Seguramente de ahí proviene el individuo extravagantemente manipulador de situaciones, el controlador de las emociones y el examinador de conductas y acciones. Sin temor a la horca me declaro culpable, soy manipulador, pero manipulador con una causa por demás justificada, soy aquél que antepone la practicidad a los sentimientos cuando sabe que estos corren un riesgo casi mortal, cuando los intereses personales vacilan en la cuerda floja de las decisiones de otros, porque estoy convencido que nuestras decisiones son íntimamente nuestras y jamás deberán ser condicionadas por terceros. Soy el imprudente que antepone la honestidad a la costumbre y el reto a la cotidianidad, el mismo quien añora un poquito de verdad incluso cuando es comúnmente conocido que esta no peca pero incomoda.

¡Voilà! Ahí tienes la respuesta, de nueva cuenta es mucho más sencillo de lo que parece, tú eres el único capaz de permitirte llorar a la sombra de un árbol en cualquier noche triste ó con determinación y firmeza dar el siguiente paso, avanzar a través de los obstáculos que en ocasiones se dibujan como inquebrantables. En lo personal opto por lo segundo y le sumo a ésta ecuación vitalicia la honestidad en todo momento, primero contigo mismo y después con los que te rodean.

Entonces, definitivamente las cosas suceden porque tú te has atrevido a realizarlas, eres tú la causa y efecto de todo lo bueno, malo y diferente que te rodea y te diferencia del resto de los grandes competidores inmersos en nuestras grandes ciudades.

Muy atinadamente, éste fin de semana también me acusaron de práctico, pragmático en estas cuestiones tan peculiares, aunque me restaron el crédito al inferir que es cuestión meramente hereditaria ¿será?

Y, por supuesto confieso que también juego con las personas, pero con la preposición “con” explícitamente inmersa en la oración. En sentido literal y figurativo juego con las personas en el mismo equipo, jugando para el mismo fin y consiente que el juego de la vida crea más polémica incluso que el futbol, al final del día que sentido tendría no jugar y exponerte con valentía a las faltas y a las tarjetas rojas para permanecer únicamente como espectador, aguardando a que sean los demás quienes anoten y se lleven la gloria y los aplausos.

¡Goooool! Por los buenos momentos y la última noche que pasé contigo…

Nos leemos luego.

miércoles, 22 de julio de 2009

Víctor is...


Muy temprano ésta mañana -bueno, para ser honesto no tanto- sólo después de los buenos días, de un delicioso rollo casero de canela con pasas y una lechita baja en calorías, me dispuse a revisar exhaustivamente las novedades en el foro social que al día de hoy se ha convertido en mi agenda personal, en el enlace con la realidad cotidiana que misteriosamente nos envuelve con noticias que reportan fortuitos golpes de Estado, inesperadas muertes de ídolos ochenteros y engorrosos trámites internacionales y, por supuesto el que ha descubierto mi recién lado voyerista, el mismo que me obliga a permanecer interminables minutos descifrando emociones en los updates de los status de mis contactos… corrijo: conexiones.

Luego de hacer lo propio y “actualizar mi estado” que particularmente hoy se lee bastante alentador, decidí abrir la característicamente ya conocida “galleta de la fortuna” -solo por pura curiosidad, cabe “aclarar”- pues bien la curiosa galletita me ha dicho que alguien me está pasando por alto y es preciso que le recuerde que existo. Pero… ¿Cómo se le hace en esos casos para recordarle a quien aún no te conoce que existes? Porque estoy seguro que sé quien es (o al menos lo quiero pensar así) ¿ya les dije que hoy me siento muy motivado verdad?

Más de 250 millones de personas contenidas en el caralibro alrededor del mundo comprueban que obligadamente tenemos un deseo incontenible por compartir -conectarnos, propiamente dicho en lenguaje electrónico- con los amigos (incluidos por obviedad aquellos que habitan en otros países), los ligues, los antiguos compañeros de la universidad, la familia y por supuesto con esa persona que aún ignora que existes.

Éste foro que hace las veces de puente entre el mundo real en el que coexistimos y el mundo virtual de la red global permite que reflexionemos sobre la información compartida, la misma que pelea por ser libre, por motivarnos, por hacernos recapacitar y originar controversia, quiere que tengamos la oportunidad de expresar libremente quienes somos y sin duda lo más importante es que estamos siendo nosotros mismos quienes hemos dispuesto liberarla.


  • Roberto.- Vic, Vic…

  • Víctor.- Rob, Rob… ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo sin tu otra mitad?

  • Roberto.- Genial, hemos hablado mucho y los planes se visualizan muy prometedores, de hecho pensamos vivir juntos pronto. Voy a mudarme a Londres.

Continúo navegando en el sitio, efectivamente somos cada día más los arriesgados que involucramos emociones en el caralibro para proyectar estados de ánimo, nuevas conquistas, renovadas emociones, logros personales y hasta trivialidades cotidianas como la de anunciar que estamos comiendo unos crujientes “churrumais con limoncito”.

Me he enterado del nacimiento en Madrid de la tierna bebita de Marcela, lo mismo que la distancia hace extrañar aún más lo que más amamos, tal como lo manifiesta Cecilia desde San Francisco, del nuevo y deslumbrante trabajo de André que incluye acondicionar un nuevo departamento y de la relación platónica de Paula. Eduardo ha subido las fotos de sus últimas vacaciones y Gerardo fue etiquetado por un amigo en común en una fiesta temática.

  • Roberto.- ¿Cuándo vienes? Quiero presentarte a alguien.
  • Víctor.- ¿En serio? ¿A quién?

A Fercho ya no le da miedo montar en bici aunque se rompa un brazo -es la analogía que ha decidido escribir para expresar que le ha perdido el miedo a enamorarse otra vez- Daniel fue objeto de la delincuencia y vaya que le robaron hasta la camisa y Liliana por fin puso en su lugar a la compañera en la oficina que le hacía la vida imposible.


  • Roberto.- Pues… me comentó que le gustaste de una foto en el Facebook, creo que de la fiesta de tu primo.

  • Víctor.- ja ja ja… ¡ya sé quien es! Por supuesto que si voy…

¿Les dije que particularmente hoy me sentía muy bien? Bueno ahora ya sé como se le hace para hacerle saber que existes a aquella persona que intentaba pasarte por alto: hazte fan de Facebook…

Seguro que Marck Zuckerberg no imaginó el alcance de la creación de una red escolar cuyo principal objetivo fuera el de usar identidades reales, la misma que en lo particular en este justo momento me mantiene "on line" compartiendo mis emociones.

Pongo play al reproductor de música de mi computadora personal para escuchar “Te vi” de Hombres G al mismo tiempo que actualizo mi status a: Víctor is… “re-contento” :)

De pronto te vi y tú me miraste a mí…

Nos leemos luego.



*Los nombres han sido cambiados, las ciudades también.


viktorkamacho.

jueves, 16 de julio de 2009

Amén



Éste fin de semana me permití apropiarme de una experiencia única y renovadora, específicamente el día domingo acudí -después de años de no hacerlo- a misa dominical (por supuesto). La ocasión no demeritó importancia como la de acompañar a mi abuelo y a mi madre a la conmemoración de un mes de fallecimiento de un familiar al que no recuerdo en lo absoluto y a pesar que considero una pérdida de tiempo éste tipo de ruegos y lamentaciones, me ofrecí como conductor voluntario a sabiendas que tendría que hacer mí mayor esfuerzo por escuchar los salmos y los benditos sermones.


Pues bien, la aventura comenzó cuando recogí al abuelo en su casa, después de medio consomé servido exquisitamente en un tazón de barro, un taco de barbacoa y uno más de pancita verde (pido disculpas sí muy malintencionadamente les he provocado un repentino apetito).


Excesivamente puntuales llegamos a la iglesia San Francisco de Asís donde un grupo integrado por personas con muy poco en común entonaban coros que de verdad créanmelo inspiraban paz interior y sugerentemente invitaban a la reflexión.


Sin darnos cuenta esperamos pacientemente treinta minutos, las personas arribaban al templo, pero no había indicio alguno de que aquel servicio estuviera a punto de comenzar. Súbitamente los rayos del sol comenzaron a entrar por uno de los ventanales superiores apuntalándome maquiavélica y directamente a los ojos ¿acaso se trataba de una señal divina? Esquivé por un instante la incisiva “señal” para terminar a los pocos segundos -divina ó no- cediendo por completo a ella.


Una llamada hecha a la tía y no precisamente de las “muchachas” nos devolvió a la realidad confirmando lo que tanto temíamos, la misa iniciaba a las once horas y no a las diez como nos lo había hecho saber la abuela. Así que decidimos continuar esperando, escuchando los coros y también los ruegos que se hacían después de finalizar cada copla, el último de ellos imploraba al señor fortaleza para continuar adelante, para olvidar el dolor y confiar plenamente en que es él quien dispone los retos, los duelos y las bendiciones; la misma suplica rogaba por la sabiduría para educar a los hijos y por el valor para hacer frente a la enfermedad y a la propia adversidad, justo en ese momento mis ojos se detuvieron en un pendón que colgaba de uno de los pilares situados en el lado izquierdo donde se leía: ha sido satanás quien trajo las enfermedades y las carencias…


Finalmente el coro terminó su intervención y mientras guardaban los instrumentos y los atriles, el sacerdote y muchas personas más que le acompañaban hicieron su aparición emulando por completo un acto por demás solemne, se encendieron cirios y se asignaron tareas entre ellas por supuesto la de los curiosos canastitos donde se solicitan voluntarias aportaciones.


Debo confesar que a mí costado derecho se sentó un niño de escasos nueve años con un colorido manual que se titulaba “Misal para niños” así que mientras el sacerdote hablaba yo hice trampa y leí las citas y los salmos y por vez primera entendí claramente lo que se decía, “aclarando” que el que entendiera lo que el sacerdote expresaba no precisamente fue equivalente a comprender en su totalidad el objetivo de la ceremonia.


Y, con gran pesar también comprobé que la iglesia católica y apostólica tampoco es sinónimo de compartir (ni que decir del amor entre los prójimos y los hermanos) ya que mi pequeño amigo se percató que me encontraba devorando su pequeño libro y acto seguido lo volteó para impedirme continuar leyendo, por instantes me sentí en la escuelita donde se acostumbraba tapar tu examen con el codo apoyado en la mesita de trabajo para que los “copiones” no repitieran tus estudiadas respuestas.


Pero… (ciertamente hay un pero) la justicia divina se hizo presente cuando la mamá del pequeño pícaro arremetió tan fulminante mirada que lo hizo temblar de purititito miedo.


Después de mi desafortunada trastada le demostré que de mi parte no había rencor alguno al otorgarle “fraternalmente la paz de Cristo” y obsequiándole la mejor de mis sonrisas.


Lo más importante y la razón de éste relato es que muy cerca de mí pude notar a un grupo de niñas con un denominador común: una gorra, una mascada o bien un sombrero coqueto cubría sus cabecitas rapadas, niñas enfermas que en ningún momento ni bajo ninguna circunstancia dejaron de sonreír y de hacer notar la característica coquetería del género femenino.


Observé también a un joven con lentes oscuros que cubrían unos ojos que observaban muy a su manera apoyados de un bastón, vi a su madre que luchaba por contener el llanto al mirarlo y a su pequeño hermano que intentaba saber que sucedía. Me asombré con una humilde pareja de adultos plenos compartiendo víveres para los aún más necesitados y por supuesto que también contemplé admirado la fe con la que los devotos se dirigían a una imagen enclavada en la cruz.


Fue entonces que caí en la cuenta que somos tan afortunados como decidimos serlo, somos tan bendecidos en la medida que nos consentimos aceptar esas bendiciones y que podemos llegar a ser tan dichosos como creamos que podemos serlo.


Al final del día no importa el concepto de religiosidad que cada quién con su cada cual persiga, lo importante es tener fe, esperanza y por supuesto confianza en uno mismo y en los demás. Agradecer por lo que tienes y en igual proporción por lo que no tienes porque recíprocamente te hace valorar aquello que más atesoras.


Casualidad ó no esa misma tarde vi una película que cita una frase que me motivó a reflexionar aún más “tienes treinta minutos para estar en el cielo… antes que el diablo sepa que has muerto”, para mí esos treinta minutos han sido y por supuesto continuarán siendo el álbum de recuerdos, anécdotas y experiencias acumuladas a lo largo de mi existencia porque sin duda alguna el cielo es aquí y ahora.


Eres el cielo, el que busco al despertar…


Nos leemos luego.


viktorkamacho.

viernes, 10 de julio de 2009


Amigos, simplemente amigos.


Después de sólo un par de meses –luego que la emoción de esperarte, el deseo de soñarte y las ansías de abrazarte se desvanecieron en el aire como el humo de éste cigarro que recién he apagado en el cenicero del auto- llegó lo que ambos sospechábamos: el fin de una etapa y por consecuencia el inicio de una nueva.

Debía decírtelo porque de no hacerlo seguramente no habría quedado más nada que me hiciera pedirte lo que a ti te pareció la mayor ofensa a tu ego, a tu amor propio y a tu zona de confort, lo único que deseaba era que continuáramos siendo amigos, tanto ó más que antes de robarte ese primer beso que liberó nuestras ganas contenidas.

Ahora tengo clarísimo que no bastó con ser honesto, también requerías de una dosis doble de “chiquitolina” que te permitiera disminuir tu tamaño y entonces no sentir tan agudo lo que tu llamas un dolor que te cala hasta los huesos, pero eso no puedo dártelo yo, porque entonces la congruencia se escaparía de mi alcance.

Sin embargo es mejor así, al menos ya no siento que te engañaba cuando mis pensamientos volaban hasta la luna y regresaban inspirados para pensar en alguien más; ya no me considero culpable por no sentir lo mismo que tu sentías cuando nos dábamos el beso de buenas noches y por supuesto ya no concibo que alguna vez pensamos ser el uno para el otro.

¿Por qué te es tan difícil aceptar el hecho de que como amigos funcionamos mejor? ¿Te has enamorado de alguien tan cercano a ti que el sólo hecho de estar juntos te hace temblar de emoción? ¿Has sentido como se eriza tu piel cuando esa persona te abraza ó se despide de ti? ¿Buscas cualquier pretexto para provocar encuentros casuales y fortuitos para verse, para charlar y para salir juntos? ¿No sabes que cara poner cuando te mira fijamente a los ojos ó cuando te regala esa sonrisa tan característicamente coqueta que te aniquila por completo? Por lo demás ¿Pierdes el control total de tus emociones y de tus movimientos cuando están solos alejados por completo de los demás?

Pues si, a mí me sucedió y en efecto sucede y sucede cuando menos te lo esperas, sucede incluso sin planearlo. Nace prematuramente como parte de tus hábitos diarios, pero es decisión tuya el arriesgarte aún cuando sabes que es casi imposible que suceda algo -tan posible como detener el tiempo- cuando de sobra conoces la dirección que tomará la respuesta mucho antes de lanzar la pregunta y cuando la razón le gana al sentimiento y en conclusión te convences que es más estimulante conservar una emoción suspendida en esa complicidad de amigos que traicionar la confianza que envuelve a la propia amistad.

Por supuesto que también sucede a la inversa y es cuando te toca a ti poner las cartas sobre la mesa antes de iniciar la apuesta. Quiero ser tu amigo nada más es una frase a la que se le ha condenado con la pena capital, la cual sin darnos cuenta “aclara” los sentimientos y pone fin a las falsas expectativas para dar paso a las nuevas oportunidades, las mismas que nos regalen nuevas ilusiones y nuevos motivos para mandar nuestros pensamientos bien lejos a una misión personal en el espacio sideral.

Y desde luego que no se trata de ojo por ojo y diente por diente sólo son situaciones que nos ubican en las dificultades que implica el estar vivos arriesgándonos en todo momento para encontrar nuestro complemento, en definitiva es parte del juego donde algunas veces te toca a ti ser el racional y otras tantas más el sentimental.

La vida se trata de momentos, pero de momentos que valgan la pena. Aquellos en los que el nerviosismo te impide ser imparcial en el juego de cartas, donde los tragos saben a “me encantan tus ojos” y las caminatas matutinas te vigorizan con miradas endulzadas con leche chocolatada. Momentos que confiesan los sentimientos después de un fugitivo beso en la puerta de tu casa, innumerables momentos llenos de bromas gastadas para disimular la incontenible emoción de sentirte cerca, momentos donde no eres tu, simplemente soy yo.

Al final del día no sólo es el momento, ni mucho menos es una sola persona, son sin duda alguna los momentos en su totalidad que en lo personal, no cambio por nada.

Nos leemos luego.



viktorkamacho.