lunes, 3 de agosto de 2009

Voy a apagar la luz

Lunes... 6 a.m. La guerra ha sido declarada. El timbre del despertador ha desarrollado una meticulosa estrategia para atacar a la menor provocación. 10 minutos más es mi oferta de paz, su respuesta es un sonido mecanizado que sin duda, me sugiere que se mantiene aguardando sigilosamente con la artillería preparada el avance de las tropas enemigas. Luego una depresión tropical que me sugiere fingir una alergia al exterior lastimosamente contaminado para quedarme en cama todo el día.

La motivación llega cuando restamos a la cantidad total de desmañanados 30 millones de estudiantes que han concluido los trabajos escolares y hoy, su ausencia en las calles nos sabe bien. 30 millones de papis que no estacionan sus autos en doble fila, que no provocan accidentes viales, que no condicionan el que tanto tú como yo lleguemos tarde a la oficina.

Éste fin de semana, específicamente el sábado 5 dio inicio el Programa Hoy no circula Sabatino en el Distrito Federal maquiavélicamente orquestado por el jefe de gobierno de aquella tierra mágica donde converge un existencialismo multicultural con sabor a urbe prehispánica. Por otro lado el presidente Felipe Calderón cumplió con su parte, vaya que sí hizo su tarea al encabezar la plantación de poco menos de diez millones de árboles en todo el territorio nacional. Específicamente 9,345,984 árboles con una participación activa de más de medio millón de mexicanos y mexicanas contabilizados y notariados por 113 notarios y 359 fedatarios públicos, ahora si que nada de cuentitos ni platicaditas.

“Planta un árbol y sé parte de la historia” es el lema que identifica a ésta cruzada nacional cuya meta inicial fueron cinco millones de árboles en 368 municipios del país que albergan a una tercera parte de la población nacional y que, satisfactoriamente se rebasó.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, las acciones emprendidas no son suficientes. Según estadísticas oficiales de Greenpeace únicamente el 10% de los árboles plantados logran sobrevivir y cumplir con el fin para el cual fueron sembrados. Por lo que habrá que poner los pies en la tierra y manifestarle nuestro respeto a las formas de vida que pelean batallas diarias por sobrevivir en un país que en su gran mayoría se mantiene indiferente al cuidado y respeto del medio ambiente.

La contaminación provocada por el uso excesivo de automóviles, la falta de conciencia al producir toneladas de basura, la nula cultura del reciclaje, el mal uso de la energía, entre tantos otros males más son agentes que están acabando con nuestro hábitat, los cambios tan irreverentes de clima son reacciones que nos gritan que es tiempo de actuar, de crear una decidida cultura ecológica a través de la educación en una sensible y esperanzada parte de la población: 30 millones de niños y jóvenes mexicanos.

Planta un árbol... (cuídalo) y entonces serás parte de la historia. Una historia donde haya lugar para la tolerancia y el respeto a la grandiosa riqueza ecológica con la que cuenta nuestro país. Innegablemente nuestro principal patrimonio es la naturaleza y el medio ambiente que incluyen todas las formas de vida, y que por supuesto nos identifican como nación.

Hoy 103 millones de mexicanos (y mexicanas también) tenemos el compromiso ineludible de hacer historia, el deber de plantar y cuidar un árbol, el uso consciente de la energía eléctrica y la obligación de fomentar una contagiosa cultura del reciclaje.

Si vas a un restaurante no cometas el gravísimo error de ordenar agua embotellada, pide agua en un vaso, al final del día da lo mismo y contribuirás a la disminución del uso de más de 2.7 millones de toneladas de plástico que se utilizan anualmente para producir botellas de éste material y, si a esto le sumas los millones de barriles de petróleo utilizados, el resultado es una catastrófica bomba de tiempo.

También se vale rellenar tu botellita directo del garrafón de tu casa ó de tu oficina, de éste modo también ayudas reciclando. No conduzcas tu auto por encima de los 110 kilómetros por hora, porque estarás produciendo un escalofriante consumo de combustible, por cada galón de gasolina consumido se liberan 9 kilogramos de dióxido de carbono directamente a la atmósfera. No viajes solo, puedes organizar traslados en grupo o bien hacer uso del transporte público. Sí, no hagas mala cara que bien vale la pena.

Ahorra agua, apaga luces, utiliza lámparas ahorradoras de energía, lleva tu bolsa del mandado al “super” para no hacer uso de las bolsas plásticas, utiliza un termo para el cafecito matutino y no los vasos de unicel que tardan años en degradarse.

¿Moda, estilo de vida, exagerada preocupación, publicidad, populismo político? no importa cuál sea la causa lo importante es la consecuencia: un mundo menos contaminado, menos abusado y lastimado e indiscutiblemente con mayores oportunidades para sobrevivir.

Voy a apagar la luz para pensar en ti… y por supuesto que en ti también bendito lunes.
Nos leemos luego.

Sebastián

México, segundo lugar mundial después de Colombia en índice de secuestros.
17 secuestros por día según el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Inseguridad.


De Sebastián todos dicen que es un excelente estudiante, un hijo ejemplar y un destacado deportista. Sebastián tiene diecinueve años, estudia en una institución privada y forma parte de la selección juvenil de natación del distrito. Sebastián tiene una novia de quién está fascinadamente enamorado, con ella comparte la mayor parte del tiempo, se llama Natalia y es una ´niña bien´ (al menos eso piensa la madre de Sebastián). Juntos tuvieron torpemente su primera vez hace dos años una tarde de mayo después de tomar un café en algún Starbucks de ésta transitada ciudad, justo al mes de conocerse en una pool party en Teques, organizada por Jorge un viejo conocido de ambos.

Sebastián estudia Arquitectura porque está convencido de lo que quiere, una profesión que le permita concretar sueños, construir hogares y hospitales funcionales, llenar espacios, vaciar otros tantos más, proyectar su potente creatividad, plasmar emociones, desarrollar conjuntos simétricos, asimétricos, coloridos y totalmente ausentes de color, estructuras atemporales y vanguardistas. Cuando Sebastián se gradúe podrá hacerse cargo de la compañía constructora de su padre.

Sebastián preside una asociación que brinda ayuda a quienes menos tienen, durante sus veranos viaja con un grupo de amigos a las zonas marginadas del país para llevar donaciones en especie como despensas, ropa y juguetes (especialmente balones de fut para organizar las ´cascaritas´ con los niños de las comunidades), además de brindar asesorías en temas diversos entre ellos planeación familiar, integración de sociedades, violencia intrafamiliar, ecología y adicciones. También busca la generación de apoyos financieros que capta mediante la implementación de proyectos de desarrollo sustentable comunitario en las zonas que visita.

Sebastián no fuma, su abuela materna falleció de enfisema pulmonar cuando él tenía trece años. Bebe ocasionalmente, casi siempre en los eventos sociales organizados por sus padres. No tiene mascotas porque simplemente no le gustan. Es el mayor de tres hermanos y el nieto consentido de su abuelo Claudio. Sebastián es todo lo bueno que la sociedad mexicana pudiera esperar, es un líder nato, un amigo incondicional y un extraordinario estratega.

De Sebastián todos dicen que le espera un futuro prometedor. De Sebastián todos dicen que ganara el campeonato nacional en estilo crawl en la modalidad de 200 metros. De Sebastián todos dicen que es un ser humano honesto, trabajador y con un gran sentido de la humildad. De Sebastián todos dicen que seguramente obtendrá mención honorífica el día de su graduación. De Sebastián todos dicen que sin duda concretará todos sus planes y proyectos. Lo que nadie dijo de Sebastián es que sería victima del crimen organizado. Lo que nadie predijo acerca de Sebastián es que sería secuestrado.

El once de agosto después de abandonar el campus en su modesto auto que jamás atraería la atención de ningún delincuente, manejando por una conocida avenida camino a reunirse con sus padres en un restaurante del sur de la ciudad para una comida casual, a Sebastián le arrebataron sus sueños. De la nada fue interceptado por dos vehículos sin placas que le cerraron el paso. El cristal de su auto fue roto con la cacha de una pistola, el impacto dejo severos daños en el rostro de Sebastián, con desmedida violencia fue bajado de su auto y arrastrado a la camioneta de color negro que llegó justo para realizar el ´levantón´. Durante los tres minutos que duró el plagio nunca dejaron de apuntarle con una pistola calibre nueve milímetros.

Sus padres esperaron cerca de una hora por Sebastián, nunca pudieron comunicarse con él. El teléfono móvil de Sebastián aparentemente no funcionaba. A las 18:00 horas los padres de Sebastián recibieron una llamada que les anunció sin más que el excelente estudiante, hijo ejemplar y destacado deportista había sido secuestrado…
A partir de entonces la vida de Sebastián no volvería a ser igual. Desde aquél día Sebastián paso a ser parte de una estadística que va en aumento día con día y terminó convirtiéndose en una mercancía canjeable por millones de pesos.

La familia de Sebastián sufrió entonces el duelo del hijo perdido, la incertidumbre se convirtió en el pan de cada día, las noches nunca fueron más frías y solitarias, el conciliar el sueño era imposible y mantener la calma lo más similar a un martirio. La madre de Sebastián que nunca creyó en un Dios inició un grupo de oración donde a diario se ruega por el regreso de Sebastián. Mientras, su padre llora inconsolablemente cuando se haya sólo en su despacho y sus hermanos menores aún no terminan de entender que sucede con su hermano. Natalia enciende todos los días una vela blanca para mantener iluminada la confianza de ver a Sebastián de nuevo y sus amigos toman más precauciones al salir de casa.

El cautiverio de Sebastián ha durado doscientos treinta y tres días, dieciséis horas y cincuenta y cinco minutos. Las negociaciones concluyeron el día ciento cuarenta y siete cuando los padres de Sebastián cansados de luchar solos, respaldados únicamente por una empresa de seguridad privada que poco hacía por devolverles a su hijo decidieron hacer del conocimiento público el caso de Sebastián. Las investigaciones por parte de la Procuraduría Federal iniciaron y con ello también se desencadenó una nueva ola de amenazas. Las reglas del juego habían cambiado y la esperanza de recuperar a Sebastián por instantes se hizo evidente. Sin embargo los días transcurrieron sin ningún indicio de Sebastián. Hoy ocho de abril es el cumpleaños número veinte de Sebastián…

De Sebastián todos decían que llegaría lejos porque era un soñador que creaba posibilidades a partir de lo imposible. De Sebastián decían que sería un gran arquitecto. Lo que nadie predijo acerca de Sebastián es que le arrebatarían sus ideales. Lo que nunca nadie pensó de Sebastián es que plagiarían su identidad y su libertad. Lo que nadie dijo de Sebastián es que Sebastián ya nunca más sería Sebastián. Lo que nadie se ha atrevido a comentar acerca de Sebastián es que quizá Sebastián esté muerto.

Sebastián es un secuestro más, un número, una cifra. Sebastián es una causa y una oportunidad para actuar, para levantar la voz y exigir más seguridad, para reclamar procesos legales más estrictos. Es la ocasión para demandar castigos más severos a los secuestradores y la generación de una garantía de identidad y ubicación geográfica de quién utiliza un teléfono móvil.
Los registros del número real de secuestros en México son una utopía, simplemente no existen, mientras el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Inseguridad refiere un dato, la Procuraduría General de la Republica emite uno más que difiere mucho de la realidad que impera en nuestro país.

Lo cierto es que únicamente te das cuenta de la magnitud del caos cuando éste te alcanza y te toca el hombro, cuando ese alguien que conociste y que significa mucho para las personas que más amas se convierte en sinónimo de secuestro, tortura y muerte. ┼

Nos leemos luego.

¡Peter Pan!

Hoy llegué a casa después de un día frustrante, un día excepcionalmente malo. Uno de esos días en los que te crees la historia completa que una conspiración minuciosamente elaborada ha sido emprendida en contra tuya. Uno de esos días que nos destinan a buscar un refugio seguro para escapar de la mascota del vecino. El último de los males que harían de éste, un día de perros.

En efecto lo peor aún estaba por ocurrir, mi Peter Pan había escapado por la ventana y esta vez su sombra lo ha acompañado. Al parecer me ha abandonado, ha decidido no volver nunca jamás.

Ahora mismo me llena un gran vacío, creo que ha sido el resultado de mantenerlo olvidado tanto tiempo, de dejarlo solito en casa, de ya no dejarme sorprender cuando lo encontraba colgado de la lámpara o quizá sólo fue el hecho de que particularmente éstos días me ponen de tan mal humor que prefiero no hablar con él, al final del día que sentido tendría comprarle la idea de que la pasa tan bien siendo eternamente un niño destinado a no crecer más.

He decidido no extrañarlo. No ha dejado ni una nota y eso me ha enfurecido aún más y me convenzo a diario de olvidarlo. ¿Acaso todos los recuerdos no valen nada? Los juegos, la complicidad, las bromas gastadas, tocar el timbre de la vecina entrometida, trepar los árboles, mojarnos bajo la lluvia, los recreos, las pelis hechas para nosotros, perseguir un cometa, jugar a ser espías, atrapar los sueños con un traje de mago, todo lo que alguna vez tuvo sentido ahora significa nada para mi querido Peter Pan.

Seguro cree que los años me han hecho tratarlo diferente. Que la madurez me alcanzo mucho más rápido que una bala, un avión o el mismo Superman. Que la cotidianidad me ha devorado y que, en efecto soy ya demasiado mayor como para dejarme sorprender por los pequeños detalles que celosamente atesoran recuerdos maravillosos y, que conjugados en tiempo actual definen mi modo de ser. Tal vez debería poder tan solo dejarme llevar y permitir que campanita me rocíe del polvo de hadas para soñar despierto, para volar y recordar. Para treparme al tren de la risa y los juegos. Pero campanita tampoco me escucha...

Han pasado diecinueve días con sus diecinueve noches desde la huída de mi Peter Pan. Ya casi no recuerdo su apariencia. Afuera ha comenzado a llover, llueve porque tiene que llover. Llueve porque los gases naturales han llenado de agua las nubes y... No, espera llueve porque el cielo pretende hacerse escuchar. Ahora entiendo que por supuesto éste es su modo tan peculiar de expresarse.

Está cansado de llenar los días con un soleado esplendor y un cielo infinitamente azul como el color de los ojos de la inocencia. Días tan nítidos que nos permiten admirar la incomparable majestuosidad de nuestra realidad que vive y coexiste a diario con nosotros. Llora porque cada noche nos obsequia un telar pintado de estrellas y una musa incondicional del amor y la inspiración. Porque nos negamos a creer que cada estrella es un deseo y cada deseo es una esperanza y cada esperanza es un sueño y cada sueño es la oportunidad de volver a comenzar, de convertir lo imposible en una factible posibilidad.

Un impulso me ha motivado a salir, a esperar bajo la lluvia. Sentir el agua caer en mi cuerpo parece una experiencia totalmente nueva, con las manos extendidas y mirando al cielo que poco a poco comienza a clarear me he olvidado de todo, no importa nada, ni las miradas ni mucho menos las personas que pasan a mi lado.

Por fin ha dejado de llover y el sol esta brillando con más intensidad que cualquier día común. Sobre el asfalto mojado se ha reflejado una pequeña sombra, la sombra de un niño, de mi niño interior, mi Peter Pan quién ha vuelto y me mira como reconociendo a un extraño.

Mi Peter Pan a quien no pienso dejarlo ir en mucho mucho mucho tiempo. Hasta que el sol se escape con la luna.

A veces nos cuesta tanto creer que la magia de los pequeños grandes detalles, se observa mejor a través de los ojos de un niño. Mira hacía tu interior y ahí justo en el medio doblando hacía la izquierda por el camino menos transitado te encontrarás con tu Peter Pan esperando pacientemente para llevarte volando atravesando el cielo al país de nunca jamás...

Uno, dos, tres salvación por mí y por todos mis amigos.

Nos leemos luego.

Jonás & Dalia

Con éste concursé en la convocatoria lanzada por MTV y My Space en el marco de la XVII Conferencia Internacional sobre el SIDA en la Ciudad de México. El objetivo era contar el fin de una historia con sólo 5 líneas como referencia.
Por tercera ocasión echo un vistazo a mi reloj que marca justo las 4:27, nuevamente un sudor frío ha comenzado a invadir todo mi cuerpo, creo que nunca me acostumbraré a experimentar ésta sensación. En mis manos tengo el sobre que ha secuestrado mi tranquilidad y mi esperanza para el día después de hoy, mi mañana se visualiza como una mala película, confusa y con un desenlace fatal. ¿Dónde quedan los planes y los sueños y las esperanzas? Éste sobre se ha convertido en mi sombra, en mi confidente y al mismo tiempo es quién me impulsa a continuar sobreviviendo en un país multicultural que coexiste a diario con la diversidad pero que se ofusca ante la convivencia con sujetos como yo. Un sobre que envejece conmigo, que ríe y llora, que sueña y ahora mismo se ilusiona. Un sobre que ahoga en un grito un resultado que desde hace tres años me convirtió en parte de una estadística, que me sumó a la cifra de 42,042 infectados por el VIH en México. Un sobre que me acompaña siempre y que guardo celosamente muy cerca de mí para recordarme que mis acciones tienen consecuencias. Sentado en la banca de siempre frente a las nieves de Don Lupe, la sombra de los árboles se proyecta como mi fiel aliada mientras el tiempo parece detenerse. En los días como hoy echo mucho de menos a Dalia y los momentos que pasábamos juntos. Nuestra relación fue algo único, trece meses en los que ella era todo para mí y estoy seguro que yo también lo era para ella. Nunca tuvimos un disgusto fuerte y nunca dejamos de querernos. Hasta aquel día que tuve que confesarle que tenía el virus. Es cierto, nadie nos prepara para enfrentar una situación así. Dalia me insultó y me pidió que no la buscara más. Me confesó que fui su primera vez, el primero en estar dentro de ella, no lo podía creer pero ella nunca me mintió, me pidió tiempo, tiempo para no verme, tiempo para pensar... tiempo. Me enfrenté a una decisión muy dura, me costó mucho darle el espacio que ella me pidió, aunque ello significó alejarme por completo, no verla más, no sentirla, no tocarla, no besarla, no estar junto a ella. La distancia entre nosotros se hizo enorme. Fui el único culpable en todo éste lío. Me acabó el pensar que la perdí. ¿Debí luchar incansablemente por ella? ¿Aún cuando parecía que ni en el final podía respetar sus decisiones? Si en verdad la amaba porque no podía olvidarme de ella para devolverle su tiempo y su espacio de los que me adueñé intempestivamente y su libertad que secuestré como un criminal aficionado y sus oportunidades que arrojé al vacío. Soñaba que todo volviera a ser como antes y que juntos lucháramos para salir adelante. Pero no sucedió... La mañana del 17 de abril, sólo seis semanas después de confesarle toda la verdad su madre me llamó para informarme que Dalia se había suicidado. Tenía dos meses de embarazo. No dejó ninguna nota para mí. Nunca pude responderle desde cuando tenía el virus. Ahora sé que quién me contagió fue Brenda. Tomábamos la clase de Diseño Urbano juntos. Una sola noche bastó para que mi vida sufriera una metamorfosis. Después de trabajar en un proyecto hasta muy tarde en su casa, me sorprendí con los pantalones abajo teniendo relaciones con ella en la cocina. Ni siquiera nos desvestimos. Al cabo de 20 minutos ya me encontraba conduciendo hacía la casa de mis padres. Sucedió mucho antes de conocer a Dalia. Nunca le fui infiel. Ni siquiera me he acostado con 10 o 15 mujeres. Dalia fue la cuarta. Pero los descuidos nos dejan un muy mal sabor de boca... Por cuarta ocasión miro mi reloj, justo las 16:56. Ya solo faltan cuatro minutos para las cinco. Para darle mi mejor cara a la mejor parte del día. De pronto, como ha sucedido durante los últimos setenta y seis días, la tarde comienza a proyectarse con una majestuosa nitidez. El cielo es infinitamente azul y el sol esta brillando con más intensidad que cualquier día común. Me deshago de los pensamientos con lo que he aprendido a convivir aún cuando se empeñan en atacar a la menor provocación con una estrategia tan meticulosamente elaborada que terminan por librar muy dentro de mí, en mi cabeza, en mis entrañas, en mí interior batallas de horas, días enteros, semanas. Estoy esperando a quién me ha conducido por el camino menos maltrecho a una nueva ilusión. Margarita que parece caminar entre nubes hacia mí, sorteando a los peatones, a la señora del puesto de periódicos y a dos niños que la han hecho participe de un improvisado juego de pelota. Nos saludamos con un beso en la mejilla. De pronto su semblante se ha tornado tenso. Su mirada se posa en mi fiel seguidor, el bendito sobre. Con un rápido movimiento me ha arrebatado el sobre, ha tomado mis dos manos en las que deposita ya no un sobre arrugado con furia sino un recuerdo olvidado del pasado. Únicamente una mirada bastó para decidirnos a botarlo juntos en el contenedor de basura. Se ha inclinado hacía mi acercando su boca a mí oído para susúrrame que me ama, que me lo ha dicho mil veces, que soy un ser humano como cualquiera que lamentablemente tomó una mala decisión y que juntos superaremos éste duro proceso. A partir de hoy mi mañana se llenará con la sencillez de una margarita a la que prometo no deshojar ni lastimar. Después de un largo beso, caminamos tomados de las manos atravesando el parque, con la plena determinación de hacer una escala en las nieves de Don Lupe.
Nos leemos luego.

He renunciado a ti

Renunciar. El diccionario de la Lengua Española en su vigésima edición define el significado de la palabra como el hacer una dejación voluntaria, dimisión o apartamiento de algo que se tiene, o bien se puede tener; desistir de algún empeño o proyecto y privarse o prescindir de algo o de alguien. En términos breves renunciar es sinónimo de abandonar, alejar, abdicar.

Puede leerse sencillo, pero detrás de ésta palabra se esconden los más aguerridos enemigos, aquellos que no se dan por vencidos a la primera de cambios. Son esas sombras que te siguen sigilosamente para hacerte dudar, para acorralarte y entonces hacer que desistas de tus decisiones que te han costado tanto, vaya que al final del día su único propósito es hacer que renuncies a lo que pretendes renunciar.

¿Complicado? Personalmente creo que no, porque todo depende del cristal a través del cual se mira. Puedes elegir facilitarte las cosas o complicarte con miedos, temores y vacilaciones.

Si todos optáramos por la primera opción, entonces el tomar éstas decisiones sería un juego de niños y cualquiera en éste país multicultural podría renunciar a su trabajo mal pagado no sin antes gritarle unas cuantas verdades al jefe que nunca pagó el tiempo extra y decirle a la cara que carece de elementos para funcionar como un buen líder. Otros tantos renunciarían a su función como servidores públicos porque simplemente tienen muy presente su incapacidad para desarrollarla de la mejor manera posible, los políticos y burócratas también abdicarían. Los investigadores renunciarían a su trabajo que no brinda resultados prometedores ante la cura de los grandes males que nos aquejan. Aquellos que se aferran a una relación que dista mucho de ser amorosa la abandonarían; los egoístas se privarían de los bienes materiales que atesoran pero saben bien que alguien más podría necesitarlos y los olvidados rechazarían el anonimato. Los cobardes se alejarían de su lugar seguro para arriesgarse a llegar más lejos y los valientes se apartarían de los cobardes porque sin unos no existen los otros. Los escépticos prescindirían de su falta de fe y los religiosos de su fanatismo.

Ahora mismo estoy convencido que renunciar es evolucionar, transformarse, reinventarse, es dar el siguiente paso. Por ésta razón los inconformes renunciamos a los convencionalismos. Los bien intencionados renunciamos al instituto político al que tanto le dedicamos y con el que desde el inicio nos comprometimos incondicionalmente porque llegado el momento de actuar y demostrar de lo que estábamos hechos, nuestros “lideres” simplemente se dejaron vencer mucho antes de que diera inicio el combate. Los arriesgadamente valerosos renunciamos al círculo de amigos con los que únicamente aprendimos a vivir de prisa, a querernos comer el mundo de un sólo mordisco, a coexistir con estereotipos banales y a juzgar sólo por pura diversión. Los de espíritu independiente renunciamos al hogar que nos vio crecer para perseguir nuestra libertad, nuestro espacio y nuestro propio orden. Los liberados nos atrevemos.

Lo importante cuando renuncias es llevarte contigo todo lo que puedas y no me refiero a la engrapadora o al paquete de quinientas hojas blancas sino a las experiencias, los recuerdos, los momentos especiales y las vivencias.

Lleva todo contigo, no dejes nada abandonado en cajas de archivo muerto, atesora las experiencias de vida y el aprendizaje adquirido, lleva también contigo los recuerdos de familia, incluidos aquellos que te ruborizan y también los que hoy te identifican y te hacen formar parte de ella, súmale los tropiezos que sin duda te han hecho mucho más fuerte, agrega también las risas y los juegos, los logros y las equivocaciones. Los amores y los desencuentros. Los pleitos y también las reconciliaciones. Pero aún más importante compártelo, no lo guardes únicamente para ti, porque entonces necesitas renunciar también a tu egoísmo.

Renunciar es un concepto que únicamente tiene sentido para aquellos que arriesgan el todo por el nada, el sí por el no, el reto por la costumbre. Renunciar es hacer tuya la oportunidad de volver a comenzar.
Sólo por hoy ¡Atrévete!

Nos leemos luego.

Realmente no estoy tan solo

Hoy de nueva cuenta al despertar te noté en el lado izquierdo de mí cama, una vez más velaste mis más íntimos sueños, y como un ángel guardián me has prometido quedarte conmigo a lo largo del día.

Tomamos juntos el cereal con leche y frutas. Mientras manejaba rumbo a la oficina sintonizaste nuestra canción favorita, me ayudaste con la nota de prensa sobre los renovados procesos electorales en nuestro país y también, juntos revisamos los correos electrónicos que incluían la buena noticia de nuestra próxima publicación. Por último cenamos acompañados de una copa de vino tinto y de las sonrisas sinceras con los amigos de siempre.

Al llegar a casa, y justo antes de dormir, cuando cepillaba mis dientes, me sonreíste frente al espejo y pude ver que mi rostro y el tuyo eran uno sólo. El rostro de quién se ama y acepta sin condiciones, el rostro satisfecho de aquél que se atreve a desafiar al tiempo y al espacio, el de un ser humano que se aferra a la vida y da valor a aquellas cosas que realmente importan, dejando de lado las banalidades y las falsas expectativas. El rostro de quién sueña con lo imposible, aunque tenga que morir en el intento para crear posibilidades que le permitan concretar aquello que se vislumbra como inexistente. De quién disfruta de su propia compañía y que sin temor, se arriesga a reconocerse a diario. El rostro, de aquél afortunado que se sabe querido por su más íntimo cómplice, su ser mismo.

El fiel aliado con quien comparto mis sueños, mis logros y todos los buenos momentos, las noches buenas y las comidas afuera, cervezas y cigarros, el mismo que incondicionalmente camina a mí lado en todo momento y que me hace sentir seguro a cada instante.

En ocasiones la propia realidad cotidiana que no envuelve nos obliga a dudar acerca de las decisiones que tomamos y que nos fortalecen, las mismas que nos exigen probar ser más arriesgados y más humanos ante los retos propios de estar vivos. La realidad que nos hace pensar en aquello que más de uno teme en las noches más frías y lluviosas: la soledad.

Sin embargo sentirse solo es meramente un sentido tradicionalista, al final del día realmente nadie está completamente solo, muy por el contrario siempre estaremos rodeados de nuestros propios temores y afectos, nuestras capacidades, expectativas y nuestras experiencias generadoras de recuerdos atemporales.

Vivir en tu depa de soltero, quedarte sin cita un jueves por la noche, ó comprar un solo ticket en la taquilla del cine para ver Star Trek, son elecciones propias que se disfrutan de la misma manera que nos deleita el capturar una foto inspiradora, leer un buen libro ó bien escribir unas cuantas líneas.

El concepto de la soledad se asocia al aislamiento, a la incomunicación y a la melancolía, pero también es cierto que quien no se siente bien consigo mismo, quien no se acepta, se gusta y se quiere (la entusiasmada concepción de autoestima) por consecuencia directa no le va bien intentando ciegamente querer a alguien más, porque al pretender perderse en la mirada del igual, termina perdiendo algo más íntimo y esencial, la congruencia y honestidad.

Hace algún par de meses presencié una plática en la cual la conferenciante aludía mucho al término egoísmo, pero un egoísmo sano que se apega más al amor propio, a anteponer nuestros intereses y convicciones a los convencionalismos establecidos.
Sin duda debemos ser un tanto egoístas, desarrollar la práctica de cultivar nuestro ego, alimentarlo tanto para que al final del día seamos nosotros mismos quienes elijamos la manera en la que queremos vivir, y en definitiva querer a nuestro propio yo como quieren los niños, justo hasta a la casa de los príncipes y las princesas -ahora también se le han sumado las hadas- para que no temamos ni por equivocación quedarnos solitos en casa.
Nos leemos luego.

Expulsación

¿Te has preguntado alguna vez, porqué suceden las cosas de tal ó cual manera? Ayer mismo yo me cuestioné lo mismo, la respuesta aún no la sé. Pero me encantaría averiguarla, porque aunque estoy seguro que una decisión que crees acertada puede dar inicio a nuevas etapas y experiencias, también es capaz de herir a las personas que más quieres, dejándote al final una sensación de vacío tan inmensa, sofocante y hasta lastimera que te hace vacilar y dudar para continuar avanzando.

Hoy después de cinco días de descanso obligatorio volví a mi vida habitual, -o lo más parecido a ella- es decir regresé a la oficina. Después de los buenos días y el primer café; la junta del lunes (miércoles en éste caso tan particular) me abasteció de la noticia del regreso ineludible a nuestros hogares, la situación epidemiológica que actualmente despunta en nuestro país se proyecta como más atemorizante que tranquilizadora. Por supuesto mi actitud no fue de complacencia sino más de pesar, de preocupación por la crisis de pánico que cada día se extiende desmesuradamente entre la mayoría, de temor ante las medidas precautorias que parecen no brindar resultado porque para infortunio de los clasemedieros –me incluyo por consecuencia circunstancial- nos cuesta bastante creer y confiar en los legisladores, gobernantes y demás figuras públicas de nuestro México, lindo y por el momento “influenziado”.

Así que me encuentro escribiendo éstas líneas en mi compu, que sin duda alguna comienzan a desentrañar la respuesta tan esperada…

Este fin de semana largo, con la influenza humana de escenario fue especialmente controversial, personalmente hablando. Fue, en resumen una sumatoria de calificativos protagonistas de emociones encontradas. Pronunciados entre ellos un “te amo” con sabor a cine de martes y pizza de miércoles, uno de esos te amo que se saben sinceros y honestos, pero con esa misma honestidad y contra todos los pronósticos un te amo no correspondido, un “¿te han dicho que eres muy inteligente?” y hasta un “te ves lindo cuando duermes”, sí, ese me gustó mucho -sobre todo porque ronco a horrores- aunque usted no lo crea…

Pero, como en todos los cuentos hay que darle un giro a la historia feliz, vaya que hay que ponerle un poco de misterio y saborcito agridulce para que al final cuando se lea “y vivieron felices por siempre” estemos realmente convencidos que en efecto, los protagonistas de nuestras historias vivirán felices porque habrán de morir en el intento para lograrlo si es necesario, también es mi deber confesarles que igualmente fue lanzado maliciosamente un misil donde se leía un “me parece que juegas con las personas” y una palabra más que inicia con “mani” y termina con “pulador” (manipulador para los que dudaron un poco), demasiado fuerte ¿no les parece?

Rebobinando el casette (en los 80´s aún no nos tocaba el DVD) para hallar la razón de ser de este comportamiento, me encontré que durante la mayor parte de mi infancia, mis juguetes preferidos siempre fueron los PlayMobil (aunque la espada de He-Man también era una de mis favoritas: “por el poder de Grayskull…” y el envase de Frutsi en la Bimex por supuesto) para mí, el coleccionar pequeños seres para crear pequeñas poblaciones, inmersas en pequeñas ciudades, colonias y sociedades era cosa de niños, con los integrantes del barco pirata, el salvaje oeste ó el castillo medieval, todos y cada uno de ellos perfectamente adaptados, meticulosamente sincronizados y estratégicamente establecidos para que de esta manera no se combinaran los unos y los otros, así los piratas no podían ni por equivocación construir un puente ó bien disponer la vialidad frente al colegio y por consecuencia directa los caballeros medievales tampoco eran los protagonistas de las historias del viejo oeste.

Lo que quiero comunicar es, que cada quien jugaba con su cada cual, todos desempeñaban un papel determinado en sus mundos con guiones minuciosamente asignados, un rol de mucha importancia, porque si alguno de ellos enfermaba, huía por la ventana al jardín junto a la casa del perro o bien se escondía hasta el fondo del armario, simple y llanamente la aventura no era la misma, la misión encomendada para los pueblos y los castillos no se cumplía, así que todos, desde el astronauta hasta el sheriff eran por demás importantes. No podían existir los unos sin los otros aunque ello significara que habitaran en universos paralelos los cuales nunca se encuentran.

Seguramente de ahí proviene el individuo extravagantemente manipulador de situaciones, el controlador de las emociones y el examinador de conductas y acciones. Sin temor a la horca me declaro culpable, soy manipulador, pero manipulador con una causa por demás justificada, soy aquél que antepone la practicidad a los sentimientos cuando sabe que estos corren un riesgo casi mortal, cuando los intereses personales vacilan en la cuerda floja de las decisiones de otros, porque estoy convencido que nuestras decisiones son íntimamente nuestras y jamás deberán ser condicionadas por terceros. Soy el imprudente que antepone la honestidad a la costumbre y el reto a la cotidianidad, el mismo quien añora un poquito de verdad incluso cuando es comúnmente conocido que esta no peca pero incomoda.

¡Voilà! Ahí tienes la respuesta, de nueva cuenta es mucho más sencillo de lo que parece, tú eres el único capaz de permitirte llorar a la sombra de un árbol en cualquier noche triste ó con determinación y firmeza dar el siguiente paso, avanzar a través de los obstáculos que en ocasiones se dibujan como inquebrantables. En lo personal opto por lo segundo y le sumo a ésta ecuación vitalicia la honestidad en todo momento, primero contigo mismo y después con los que te rodean.

Entonces, definitivamente las cosas suceden porque tú te has atrevido a realizarlas, eres tú la causa y efecto de todo lo bueno, malo y diferente que te rodea y te diferencia del resto de los grandes competidores inmersos en nuestras grandes ciudades.

Muy atinadamente, éste fin de semana también me acusaron de práctico, pragmático en estas cuestiones tan peculiares, aunque me restaron el crédito al inferir que es cuestión meramente hereditaria ¿será?

Y, por supuesto confieso que también juego con las personas, pero con la preposición “con” explícitamente inmersa en la oración. En sentido literal y figurativo juego con las personas en el mismo equipo, jugando para el mismo fin y consiente que el juego de la vida crea más polémica incluso que el futbol, al final del día que sentido tendría no jugar y exponerte con valentía a las faltas y a las tarjetas rojas para permanecer únicamente como espectador, aguardando a que sean los demás quienes anoten y se lleven la gloria y los aplausos.

¡Goooool! Por los buenos momentos y la última noche que pasé contigo…

Nos leemos luego.