lunes, 3 de agosto de 2009

Sabor a mí...

Sin duda alguna nuestro modo de ser es un comportamiento que siempre estará influenciado por los amigos, la banda, los cómplices, los hermanos, los ´bros´, camaradas, amiguis (¿?), los viejos, o como quieras llamarles, por ello estas líneas las dedico a los amigos: Mis amigos, los que están, los que estuvieron y los que sin duda alguna vendrán. Y a ti te pregunto: ¿Sabes a que sabe la amistad?

Definitivamente creo que sabe a que a ti te gustan los Stone Temple Pilots y a mí Reik (¡ja!) y, sin embargo podemos pasar un rato muy chido acompañados de un par de cervezas charlando sobre la falta de compromiso para con la educación de nuestro país. Sabe a hamburguesas al carbón, condimentadas con canciones super poperas entonadas con singular acento spanglish en el karaoke doble. Sabe a reencuentro, muy similar al pan con sabor casero. Sabe a ´defe´ (a Condesa, Polanco y por supuesto a Coyoacán). Sabe a no encontrar ´la palma´ aunque pases tres veces frente a ella y me obligues a preguntar que dirección tomar. Sabe al tren suburbano y su diseño con toda su buena onda y su complicidad (¡you know!).

Tiene un sabor muy particular a delimitar estratégicamente el baño de niñas y el baño de niños. Sabe al murcielaguito con un gustillo a crudas brutales y a barbacoa disfrazada con lentes oscuros. Sabe a decir ¿tu coche o el mío? amm y creo que también sabe a jugar ´stop´ a las dos de la mañana.

Sabe a estar enamorados y ahora sólo ser un par de viejos conocidos que se miran como la primera vez en el primer encuentro porque simplemente nunca han dejado de pensarse.
Sabe a pirotecnia extrema y a colocar en una tortilla de maíz tres galletas saladas y suficiente salsa de tomate y a reír sin motivo alguno, incluso con los arcoiris imaginarios. Sabe a desayunar tortas de tamal después de las clases de francés. Sabe a risas y a heridas con sal y limón. Sabe a que a pesar que no estés en casa, visitaremos a tu mamá por la simpleza de ser una mujer tan alivianada.

Por supuesto sabe a otorgar estrellitas a los lugares para cenar los días lunes y definitivamente en todo momento tendrá un peculiar sabor a Timbiriche. Sabe a tocar timbres y a librar batallas incansables para ocupar en el auto el lugar de copiloto.

Sabe a bodas y bautizos pfft… que fuerte!¡ Sabe a decir la última y nos vamos. Sabe a planear viajes y a emprender negocios juntos. Por demás esta decirte que sabe a que te brinden oportunidades y también a saber aprovecharlas. Sabe a que confíen en ti y sabe a recibir mucha buena vibra.

Sabe a repetir ´te lo dije´ más de una vez cada que metes la pata o te clavas con quién no debías. Sabe a convencerte que todos los hombres somos iguales (y las mujeres también, claro está).
Lo que es seguro es que la amistad no tiene sabor a juzgar y mucho menos a otorgar la pena capital, la amistad no cuestiona, ni condiciona. La amistad no frena, por el contrario, la amistad impulsa.

Sin embargo, la amistad si sabe a desencuentro y a opiniones opuestas que coexisten en una convergencia policultural. Sabe a diversidad y sin duda está sazonada con ese ingrediente extra de: “yo guitarra y tu maracas”.

Los amigos se ríen cuando tropiezas pero nunca cuando caes, a menos que sea frente a la clase entera. Aunque nunca lo acepten los amigos te plantan por un nuevo ligue, pero siempre preguntan por algún primo, hermano o hasta vecino que pudiera empatarse contigo. Los verdaderos amigos no se guardan secretos sino que aprenden a escucharlos y a compartirlos. Los amigos se conocen y se aceptan entre sí.

En lo personal y lo digo porque así lo siento, la amistad nunca me sabrá a compartir un cigarro (definitivamente nunca). Y, desde luego ya nunca tendrá un sabor igual o un poco similar al que tenía hace cinco, tres o incluso el año pasado. Por lo demás tampoco me volverán a saber igual los gin tonics.

Obviamente a la familia no la eliges pero a tus amigos sí. Elige bien porque siempre serán participes de tu crecimiento, de tus logros y de tus desamores. No importa que no piensen de la misma manera o que se encuentren degustando caminos diferentes en una sociedad enclavada en una enorme cocina ficticia. Lo importante es aprender a ordenar el mejor platillo de la carta, aquél que te haga sentir seguro, el que no te obligue a pretender, acompañado de la bebida que tenga refill para que sea tu incondicional en todo momento, porque definitivamente la amistad es un banquete, un plato delicioso que te deja un muy buen sabor de boca.

Por lo pronto yo guardo tu sabor pero tu llevas también sabor a mí, mmm… ¿qué rico no?

Nos leemos luego.

Mexicanos al grito de guerra...

Nuevamente las propuestas que prometen dar solución a todos y cada uno de los grandes males que nos afectan cotidianamente son presentadas ante nuestros ojos y oídos a través de los medios masivos de comunicación, sumándose ahora también los foros sociales en internet. Las promesas están encaminadas a brindar atención urgente a temas que con sólo nombrarlos provocan controversia por sí mismos. El aborto, la pena de muerte, la legalización de las drogas, el desempleo, la delincuencia y la educación, entre algunos más. Todos, sin duda perfilan nuestra realidad, pero la política actual está aún muy lejos de encarar las posibles soluciones. Por obligatoriedad los resultados serían en definitiva más favorecedores si optáramos por intervenir quirúrgicamente el mal como tal y no simplemente colocar una bandita que disfrace el malestar.

Así en lugar de politizar el asunto del aborto sería conveniente educar a los jóvenes para que practiquen su sexualidad con libertad y responsabilidad, con el conocimiento veraz y oportuno que les permita decidir bajo que términos están dispuestos a ejercer sus derechos y obligaciones. Fomentar una cultura de respeto hacía su cuerpo y hacía su salud para que el día que se sientan tentados a consumir drogas, sean capaces de desistir de hacerlo. Definitivamente es indispensable mantener consolidada a la familia como parte fundamental del desarrollo de la sociedad, estamos obligados a involucrarnos totalmente en la educación de nuestros hijos, a participar en su perfeccionamiento y por consecuencia directa a la formación de individuos que hagan de éste país una nación donde se dé aforo a la verdadera democracia y al compromiso ciudadano de actuar, exigir y mostrar resultados.

Mención aparte merece el escrutar nuevos mecanismos de acción para elevar el nivel de la educación que se brinda a los jóvenes y niños. De acuerdo con el Primer Estudio Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje realizado en 23 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el nuestro registra un nivel de absentismo por parte de los docentes del 70% -el peor de todas las naciones donde se llevó a cabo el sondeo- además de su nula preparación como maestros. Por lo que si los responsables de formar profesionales altamente preparados se muestran como incompetentes ¿qué rumbo tomará nuestro país con los siguientes funcionarios públicos, políticos y empresarios medianamente educados? Por ello las promesas de nuestros futuros legisladores se enfocan en ofrecer vales canjeables por medicamentos y no por dar fin a la corrupción existente en las instituciones de seguridad social.
Ahora bien, el anular nuestro voto no es hacernos escuchar, existe otra manera que es involucrándonos, todos los legisladores federales están obligados a establecer una oficina de atención, acerquémonos y exijámosles cumplir sus promesas.

En días pasados me llamaron belicoso por no decir conflictivo al presentar una queja ante un organismo público. Bien, aclaro que esta es mi manera de exigir mis derechos como ciudadano ya que creo que las grandes revoluciones llegan con las acciones que permiten dar paso a los pequeños cambios.

Nos leemos luego.

Después de ti, ¿qué?

Mi batalla inició ayer a las 11:27 p.m. cuando leí tu carta, está carta que expresa tu sentir. Como siempre creí tener el control absoluto sobre la situación, pensé que sólo era cuestión de utilizar las estrategias adecuadas para preparar la avanzada, para no permitirme vacilar en el precipicio, caminar con pasos seguros es mi especialidad, pero algo sucedió, de pronto me costó mucho avanzar y me quede parado en medio de un solitario espacio esperando... dar el siguiente paso parece casi imposible.

Honestamente sabia que sentías algo más por mí, ¿Recuerdas que te explique que puedes conocer a las personas si dedicas unos momentos a observarlas? Si pones atención a sus movimientos, a sus gestos y actitudes, sin duda puedes adentrarte en sus pensamientos. Y, por lo demás tus acciones me gritaban tus sentimientos. Tus celos, tus enojos, tus bromas, tus emociones, todo para mi eran señales.

Lo que no imaginé es que esas palabras desencadenaran tantas emociones encontradas en mi interior, primero te confieso lo tomé muy mal, después reí como un loco y finalmente me quede pensando si de verdad podía ser real. ¿Cómo es posible que puedas enamorarte de alguien como yo? ¿Que en ocasiones se porta tan frío contigo? ¿Qué no para de jugarte bromas? ¿Que te ha dicho que te falta madurar, que se burla de ti, que transforma su actitud hacía ti cuando están frente a otras personas y que incluso te ha confesado que lo enfadas y desesperas?

Tal vez aprendiste muy rápido y observaste bien, analizaste que todo esto lo hago por miedo, por temor, por seguir creyendo que soy una persona demasiado práctica como para permitirme sufrir, porque ahora tengo muy claro que hagas lo que hagas y digas lo que digas no puedo enojarme contigo. Aún no sé las razones, pero simplemente me es imposible, no puedo y solo sé que no quiero.

Pretendo que tengas presente que nunca ha sido mi intención lastimarte, por el contrario sabes que haría lo imposible para complacerte, para demostrarte mi posición incondicional, de sobra sabes que no deseo hacerte pasar un mal rato, sobre todo después de compartir tanto... Sin embargo tampoco quiero engañarte, desde el principio he intentado ser siempre sincero contigo. ¿Sabes?, mi error es pensar que todos comprendemos igual las cosas y no es así, el ser humano escucha, cree y piensa a su manera, y tu piensas de una manera tan irreverente y loca que por eso disfruto estar contigo y cuando no estamos juntos siento un gran vacío, una enorme necesidad de verte, por supuesto no me permito hacértelo saber, que sentido tendría si aún no he decidido si debo dar marcha atrás o simplemente dejarme llevar e iniciar un ´nosotros´.

Definitivamente no puedo ser como tú, no puedo de pronto cambiar todo lo que me han enseñado y lo que he aprendido por cuenta propia acerca de la vida y de como debe ser, para de la nada abrirle la puerta a conflictos existenciales con los que sin duda alguna no me siento realmente cómodo e identificado.

¿Acaso es tan difícil? Los amigos no buscan causar daño, eso lo sé. Pero porque no puede ser más simple, tan simple como si se tratara de cualquier persona en la parada del autobús o en el bar de moda.

No lo sé, lo único que indudablemente quiero es estar cerca de ti, ser tu amigo, quiero ser tu otra mitad, quiero amarte sin prisas y llenarte de mi sexo, quiero que confíes en mí, que no permitas que mis acciones te hagan cambiar tu esencia y esa osadía que te identifica y que en conjunto han sido tus armas con las que me has debilitado y con las cuales también lograste captar mi atención.

No te he dado nada. Te he aceptado tal como eres, te he hablado con honestidad, he aprendido a tolerar lo que no me gusta de ti, he simplemente correspondido a lo que me has brindado.

Si consideras que son las razones que te permitieron escribir lo que sientes entonces ¡te lo he dado todo! Gracias por tu sinceridad, por hacerme reír, por brindarme razones, pretextos y excusas para necesitarte, para buscarte y para tenerte a mí lado, gracias por quedarte con mi atención, por amarme sin reservas, pero sobre todo gracias por estar...

Porque hoy todo cobra sentido, hoy puedo decirte sin ningún reparo que te amo y sin embargo también tengo miedo de amarte, pero sobre todas las circunstancias tengo miedo de mí, tengo miedo de no ser jamás la persona que tú anhelas, la persona que te respalde en todo momento, la que nunca deje de mirarte como la primera vez. El hombre que se enamore de ti a cada instante aunque el bendito tiempo se empeñe en llevarse tu juventud y a cambio te obsequie la experiencia, el que te bese sin temor a nada, el amante que llene de besos amorosos todo tu tibio cuerpo.

Creo firmemente que uno es quien se determina ser y no lo que te permiten ser, pero sobre todo ahora se que el tiempo no espera por ti. El tiempo siempre se empeña en ganarte la carrera.

En efecto hoy, ya no hay más mañanas, me quedo con tu recuerdo y con tu confesión y con esa hermosa serenidad impresa en tu rostro y que dentro de éste féretro de ébano te hace lucir aún más bella, el mismo que guarda celosamente tu alma y tu cuerpo ya sin vida, el mismo que ha talado todo nuestro presente y futuro y aunque hoy atesore hasta el fondo de mi alma nuestro pasado, nunca dejaré de pensar en el tiempo que perdimos en no gritarnos a la cara cuanto nos necesitábamos, el bendito tiempo que nos superó e impidió que nos dijéramos cuanto nos amábamos, el que reprimió que yo te dijera cuanto te amaba, pero sobre todo el mismo que fue fiel espectador de la historia de dos viejos conocidos que nunca llegaron a conocerse realmente.

Voy a apagar la luz

Lunes... 6 a.m. La guerra ha sido declarada. El timbre del despertador ha desarrollado una meticulosa estrategia para atacar a la menor provocación. 10 minutos más es mi oferta de paz, su respuesta es un sonido mecanizado que sin duda, me sugiere que se mantiene aguardando sigilosamente con la artillería preparada el avance de las tropas enemigas. Luego una depresión tropical que me sugiere fingir una alergia al exterior lastimosamente contaminado para quedarme en cama todo el día.

La motivación llega cuando restamos a la cantidad total de desmañanados 30 millones de estudiantes que han concluido los trabajos escolares y hoy, su ausencia en las calles nos sabe bien. 30 millones de papis que no estacionan sus autos en doble fila, que no provocan accidentes viales, que no condicionan el que tanto tú como yo lleguemos tarde a la oficina.

Éste fin de semana, específicamente el sábado 5 dio inicio el Programa Hoy no circula Sabatino en el Distrito Federal maquiavélicamente orquestado por el jefe de gobierno de aquella tierra mágica donde converge un existencialismo multicultural con sabor a urbe prehispánica. Por otro lado el presidente Felipe Calderón cumplió con su parte, vaya que sí hizo su tarea al encabezar la plantación de poco menos de diez millones de árboles en todo el territorio nacional. Específicamente 9,345,984 árboles con una participación activa de más de medio millón de mexicanos y mexicanas contabilizados y notariados por 113 notarios y 359 fedatarios públicos, ahora si que nada de cuentitos ni platicaditas.

“Planta un árbol y sé parte de la historia” es el lema que identifica a ésta cruzada nacional cuya meta inicial fueron cinco millones de árboles en 368 municipios del país que albergan a una tercera parte de la población nacional y que, satisfactoriamente se rebasó.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, las acciones emprendidas no son suficientes. Según estadísticas oficiales de Greenpeace únicamente el 10% de los árboles plantados logran sobrevivir y cumplir con el fin para el cual fueron sembrados. Por lo que habrá que poner los pies en la tierra y manifestarle nuestro respeto a las formas de vida que pelean batallas diarias por sobrevivir en un país que en su gran mayoría se mantiene indiferente al cuidado y respeto del medio ambiente.

La contaminación provocada por el uso excesivo de automóviles, la falta de conciencia al producir toneladas de basura, la nula cultura del reciclaje, el mal uso de la energía, entre tantos otros males más son agentes que están acabando con nuestro hábitat, los cambios tan irreverentes de clima son reacciones que nos gritan que es tiempo de actuar, de crear una decidida cultura ecológica a través de la educación en una sensible y esperanzada parte de la población: 30 millones de niños y jóvenes mexicanos.

Planta un árbol... (cuídalo) y entonces serás parte de la historia. Una historia donde haya lugar para la tolerancia y el respeto a la grandiosa riqueza ecológica con la que cuenta nuestro país. Innegablemente nuestro principal patrimonio es la naturaleza y el medio ambiente que incluyen todas las formas de vida, y que por supuesto nos identifican como nación.

Hoy 103 millones de mexicanos (y mexicanas también) tenemos el compromiso ineludible de hacer historia, el deber de plantar y cuidar un árbol, el uso consciente de la energía eléctrica y la obligación de fomentar una contagiosa cultura del reciclaje.

Si vas a un restaurante no cometas el gravísimo error de ordenar agua embotellada, pide agua en un vaso, al final del día da lo mismo y contribuirás a la disminución del uso de más de 2.7 millones de toneladas de plástico que se utilizan anualmente para producir botellas de éste material y, si a esto le sumas los millones de barriles de petróleo utilizados, el resultado es una catastrófica bomba de tiempo.

También se vale rellenar tu botellita directo del garrafón de tu casa ó de tu oficina, de éste modo también ayudas reciclando. No conduzcas tu auto por encima de los 110 kilómetros por hora, porque estarás produciendo un escalofriante consumo de combustible, por cada galón de gasolina consumido se liberan 9 kilogramos de dióxido de carbono directamente a la atmósfera. No viajes solo, puedes organizar traslados en grupo o bien hacer uso del transporte público. Sí, no hagas mala cara que bien vale la pena.

Ahorra agua, apaga luces, utiliza lámparas ahorradoras de energía, lleva tu bolsa del mandado al “super” para no hacer uso de las bolsas plásticas, utiliza un termo para el cafecito matutino y no los vasos de unicel que tardan años en degradarse.

¿Moda, estilo de vida, exagerada preocupación, publicidad, populismo político? no importa cuál sea la causa lo importante es la consecuencia: un mundo menos contaminado, menos abusado y lastimado e indiscutiblemente con mayores oportunidades para sobrevivir.

Voy a apagar la luz para pensar en ti… y por supuesto que en ti también bendito lunes.
Nos leemos luego.

Sebastián

México, segundo lugar mundial después de Colombia en índice de secuestros.
17 secuestros por día según el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Inseguridad.


De Sebastián todos dicen que es un excelente estudiante, un hijo ejemplar y un destacado deportista. Sebastián tiene diecinueve años, estudia en una institución privada y forma parte de la selección juvenil de natación del distrito. Sebastián tiene una novia de quién está fascinadamente enamorado, con ella comparte la mayor parte del tiempo, se llama Natalia y es una ´niña bien´ (al menos eso piensa la madre de Sebastián). Juntos tuvieron torpemente su primera vez hace dos años una tarde de mayo después de tomar un café en algún Starbucks de ésta transitada ciudad, justo al mes de conocerse en una pool party en Teques, organizada por Jorge un viejo conocido de ambos.

Sebastián estudia Arquitectura porque está convencido de lo que quiere, una profesión que le permita concretar sueños, construir hogares y hospitales funcionales, llenar espacios, vaciar otros tantos más, proyectar su potente creatividad, plasmar emociones, desarrollar conjuntos simétricos, asimétricos, coloridos y totalmente ausentes de color, estructuras atemporales y vanguardistas. Cuando Sebastián se gradúe podrá hacerse cargo de la compañía constructora de su padre.

Sebastián preside una asociación que brinda ayuda a quienes menos tienen, durante sus veranos viaja con un grupo de amigos a las zonas marginadas del país para llevar donaciones en especie como despensas, ropa y juguetes (especialmente balones de fut para organizar las ´cascaritas´ con los niños de las comunidades), además de brindar asesorías en temas diversos entre ellos planeación familiar, integración de sociedades, violencia intrafamiliar, ecología y adicciones. También busca la generación de apoyos financieros que capta mediante la implementación de proyectos de desarrollo sustentable comunitario en las zonas que visita.

Sebastián no fuma, su abuela materna falleció de enfisema pulmonar cuando él tenía trece años. Bebe ocasionalmente, casi siempre en los eventos sociales organizados por sus padres. No tiene mascotas porque simplemente no le gustan. Es el mayor de tres hermanos y el nieto consentido de su abuelo Claudio. Sebastián es todo lo bueno que la sociedad mexicana pudiera esperar, es un líder nato, un amigo incondicional y un extraordinario estratega.

De Sebastián todos dicen que le espera un futuro prometedor. De Sebastián todos dicen que ganara el campeonato nacional en estilo crawl en la modalidad de 200 metros. De Sebastián todos dicen que es un ser humano honesto, trabajador y con un gran sentido de la humildad. De Sebastián todos dicen que seguramente obtendrá mención honorífica el día de su graduación. De Sebastián todos dicen que sin duda concretará todos sus planes y proyectos. Lo que nadie dijo de Sebastián es que sería victima del crimen organizado. Lo que nadie predijo acerca de Sebastián es que sería secuestrado.

El once de agosto después de abandonar el campus en su modesto auto que jamás atraería la atención de ningún delincuente, manejando por una conocida avenida camino a reunirse con sus padres en un restaurante del sur de la ciudad para una comida casual, a Sebastián le arrebataron sus sueños. De la nada fue interceptado por dos vehículos sin placas que le cerraron el paso. El cristal de su auto fue roto con la cacha de una pistola, el impacto dejo severos daños en el rostro de Sebastián, con desmedida violencia fue bajado de su auto y arrastrado a la camioneta de color negro que llegó justo para realizar el ´levantón´. Durante los tres minutos que duró el plagio nunca dejaron de apuntarle con una pistola calibre nueve milímetros.

Sus padres esperaron cerca de una hora por Sebastián, nunca pudieron comunicarse con él. El teléfono móvil de Sebastián aparentemente no funcionaba. A las 18:00 horas los padres de Sebastián recibieron una llamada que les anunció sin más que el excelente estudiante, hijo ejemplar y destacado deportista había sido secuestrado…
A partir de entonces la vida de Sebastián no volvería a ser igual. Desde aquél día Sebastián paso a ser parte de una estadística que va en aumento día con día y terminó convirtiéndose en una mercancía canjeable por millones de pesos.

La familia de Sebastián sufrió entonces el duelo del hijo perdido, la incertidumbre se convirtió en el pan de cada día, las noches nunca fueron más frías y solitarias, el conciliar el sueño era imposible y mantener la calma lo más similar a un martirio. La madre de Sebastián que nunca creyó en un Dios inició un grupo de oración donde a diario se ruega por el regreso de Sebastián. Mientras, su padre llora inconsolablemente cuando se haya sólo en su despacho y sus hermanos menores aún no terminan de entender que sucede con su hermano. Natalia enciende todos los días una vela blanca para mantener iluminada la confianza de ver a Sebastián de nuevo y sus amigos toman más precauciones al salir de casa.

El cautiverio de Sebastián ha durado doscientos treinta y tres días, dieciséis horas y cincuenta y cinco minutos. Las negociaciones concluyeron el día ciento cuarenta y siete cuando los padres de Sebastián cansados de luchar solos, respaldados únicamente por una empresa de seguridad privada que poco hacía por devolverles a su hijo decidieron hacer del conocimiento público el caso de Sebastián. Las investigaciones por parte de la Procuraduría Federal iniciaron y con ello también se desencadenó una nueva ola de amenazas. Las reglas del juego habían cambiado y la esperanza de recuperar a Sebastián por instantes se hizo evidente. Sin embargo los días transcurrieron sin ningún indicio de Sebastián. Hoy ocho de abril es el cumpleaños número veinte de Sebastián…

De Sebastián todos decían que llegaría lejos porque era un soñador que creaba posibilidades a partir de lo imposible. De Sebastián decían que sería un gran arquitecto. Lo que nadie predijo acerca de Sebastián es que le arrebatarían sus ideales. Lo que nunca nadie pensó de Sebastián es que plagiarían su identidad y su libertad. Lo que nadie dijo de Sebastián es que Sebastián ya nunca más sería Sebastián. Lo que nadie se ha atrevido a comentar acerca de Sebastián es que quizá Sebastián esté muerto.

Sebastián es un secuestro más, un número, una cifra. Sebastián es una causa y una oportunidad para actuar, para levantar la voz y exigir más seguridad, para reclamar procesos legales más estrictos. Es la ocasión para demandar castigos más severos a los secuestradores y la generación de una garantía de identidad y ubicación geográfica de quién utiliza un teléfono móvil.
Los registros del número real de secuestros en México son una utopía, simplemente no existen, mientras el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Inseguridad refiere un dato, la Procuraduría General de la Republica emite uno más que difiere mucho de la realidad que impera en nuestro país.

Lo cierto es que únicamente te das cuenta de la magnitud del caos cuando éste te alcanza y te toca el hombro, cuando ese alguien que conociste y que significa mucho para las personas que más amas se convierte en sinónimo de secuestro, tortura y muerte. ┼

Nos leemos luego.

¡Peter Pan!

Hoy llegué a casa después de un día frustrante, un día excepcionalmente malo. Uno de esos días en los que te crees la historia completa que una conspiración minuciosamente elaborada ha sido emprendida en contra tuya. Uno de esos días que nos destinan a buscar un refugio seguro para escapar de la mascota del vecino. El último de los males que harían de éste, un día de perros.

En efecto lo peor aún estaba por ocurrir, mi Peter Pan había escapado por la ventana y esta vez su sombra lo ha acompañado. Al parecer me ha abandonado, ha decidido no volver nunca jamás.

Ahora mismo me llena un gran vacío, creo que ha sido el resultado de mantenerlo olvidado tanto tiempo, de dejarlo solito en casa, de ya no dejarme sorprender cuando lo encontraba colgado de la lámpara o quizá sólo fue el hecho de que particularmente éstos días me ponen de tan mal humor que prefiero no hablar con él, al final del día que sentido tendría comprarle la idea de que la pasa tan bien siendo eternamente un niño destinado a no crecer más.

He decidido no extrañarlo. No ha dejado ni una nota y eso me ha enfurecido aún más y me convenzo a diario de olvidarlo. ¿Acaso todos los recuerdos no valen nada? Los juegos, la complicidad, las bromas gastadas, tocar el timbre de la vecina entrometida, trepar los árboles, mojarnos bajo la lluvia, los recreos, las pelis hechas para nosotros, perseguir un cometa, jugar a ser espías, atrapar los sueños con un traje de mago, todo lo que alguna vez tuvo sentido ahora significa nada para mi querido Peter Pan.

Seguro cree que los años me han hecho tratarlo diferente. Que la madurez me alcanzo mucho más rápido que una bala, un avión o el mismo Superman. Que la cotidianidad me ha devorado y que, en efecto soy ya demasiado mayor como para dejarme sorprender por los pequeños detalles que celosamente atesoran recuerdos maravillosos y, que conjugados en tiempo actual definen mi modo de ser. Tal vez debería poder tan solo dejarme llevar y permitir que campanita me rocíe del polvo de hadas para soñar despierto, para volar y recordar. Para treparme al tren de la risa y los juegos. Pero campanita tampoco me escucha...

Han pasado diecinueve días con sus diecinueve noches desde la huída de mi Peter Pan. Ya casi no recuerdo su apariencia. Afuera ha comenzado a llover, llueve porque tiene que llover. Llueve porque los gases naturales han llenado de agua las nubes y... No, espera llueve porque el cielo pretende hacerse escuchar. Ahora entiendo que por supuesto éste es su modo tan peculiar de expresarse.

Está cansado de llenar los días con un soleado esplendor y un cielo infinitamente azul como el color de los ojos de la inocencia. Días tan nítidos que nos permiten admirar la incomparable majestuosidad de nuestra realidad que vive y coexiste a diario con nosotros. Llora porque cada noche nos obsequia un telar pintado de estrellas y una musa incondicional del amor y la inspiración. Porque nos negamos a creer que cada estrella es un deseo y cada deseo es una esperanza y cada esperanza es un sueño y cada sueño es la oportunidad de volver a comenzar, de convertir lo imposible en una factible posibilidad.

Un impulso me ha motivado a salir, a esperar bajo la lluvia. Sentir el agua caer en mi cuerpo parece una experiencia totalmente nueva, con las manos extendidas y mirando al cielo que poco a poco comienza a clarear me he olvidado de todo, no importa nada, ni las miradas ni mucho menos las personas que pasan a mi lado.

Por fin ha dejado de llover y el sol esta brillando con más intensidad que cualquier día común. Sobre el asfalto mojado se ha reflejado una pequeña sombra, la sombra de un niño, de mi niño interior, mi Peter Pan quién ha vuelto y me mira como reconociendo a un extraño.

Mi Peter Pan a quien no pienso dejarlo ir en mucho mucho mucho tiempo. Hasta que el sol se escape con la luna.

A veces nos cuesta tanto creer que la magia de los pequeños grandes detalles, se observa mejor a través de los ojos de un niño. Mira hacía tu interior y ahí justo en el medio doblando hacía la izquierda por el camino menos transitado te encontrarás con tu Peter Pan esperando pacientemente para llevarte volando atravesando el cielo al país de nunca jamás...

Uno, dos, tres salvación por mí y por todos mis amigos.

Nos leemos luego.

Jonás & Dalia

Con éste concursé en la convocatoria lanzada por MTV y My Space en el marco de la XVII Conferencia Internacional sobre el SIDA en la Ciudad de México. El objetivo era contar el fin de una historia con sólo 5 líneas como referencia.
Por tercera ocasión echo un vistazo a mi reloj que marca justo las 4:27, nuevamente un sudor frío ha comenzado a invadir todo mi cuerpo, creo que nunca me acostumbraré a experimentar ésta sensación. En mis manos tengo el sobre que ha secuestrado mi tranquilidad y mi esperanza para el día después de hoy, mi mañana se visualiza como una mala película, confusa y con un desenlace fatal. ¿Dónde quedan los planes y los sueños y las esperanzas? Éste sobre se ha convertido en mi sombra, en mi confidente y al mismo tiempo es quién me impulsa a continuar sobreviviendo en un país multicultural que coexiste a diario con la diversidad pero que se ofusca ante la convivencia con sujetos como yo. Un sobre que envejece conmigo, que ríe y llora, que sueña y ahora mismo se ilusiona. Un sobre que ahoga en un grito un resultado que desde hace tres años me convirtió en parte de una estadística, que me sumó a la cifra de 42,042 infectados por el VIH en México. Un sobre que me acompaña siempre y que guardo celosamente muy cerca de mí para recordarme que mis acciones tienen consecuencias. Sentado en la banca de siempre frente a las nieves de Don Lupe, la sombra de los árboles se proyecta como mi fiel aliada mientras el tiempo parece detenerse. En los días como hoy echo mucho de menos a Dalia y los momentos que pasábamos juntos. Nuestra relación fue algo único, trece meses en los que ella era todo para mí y estoy seguro que yo también lo era para ella. Nunca tuvimos un disgusto fuerte y nunca dejamos de querernos. Hasta aquel día que tuve que confesarle que tenía el virus. Es cierto, nadie nos prepara para enfrentar una situación así. Dalia me insultó y me pidió que no la buscara más. Me confesó que fui su primera vez, el primero en estar dentro de ella, no lo podía creer pero ella nunca me mintió, me pidió tiempo, tiempo para no verme, tiempo para pensar... tiempo. Me enfrenté a una decisión muy dura, me costó mucho darle el espacio que ella me pidió, aunque ello significó alejarme por completo, no verla más, no sentirla, no tocarla, no besarla, no estar junto a ella. La distancia entre nosotros se hizo enorme. Fui el único culpable en todo éste lío. Me acabó el pensar que la perdí. ¿Debí luchar incansablemente por ella? ¿Aún cuando parecía que ni en el final podía respetar sus decisiones? Si en verdad la amaba porque no podía olvidarme de ella para devolverle su tiempo y su espacio de los que me adueñé intempestivamente y su libertad que secuestré como un criminal aficionado y sus oportunidades que arrojé al vacío. Soñaba que todo volviera a ser como antes y que juntos lucháramos para salir adelante. Pero no sucedió... La mañana del 17 de abril, sólo seis semanas después de confesarle toda la verdad su madre me llamó para informarme que Dalia se había suicidado. Tenía dos meses de embarazo. No dejó ninguna nota para mí. Nunca pude responderle desde cuando tenía el virus. Ahora sé que quién me contagió fue Brenda. Tomábamos la clase de Diseño Urbano juntos. Una sola noche bastó para que mi vida sufriera una metamorfosis. Después de trabajar en un proyecto hasta muy tarde en su casa, me sorprendí con los pantalones abajo teniendo relaciones con ella en la cocina. Ni siquiera nos desvestimos. Al cabo de 20 minutos ya me encontraba conduciendo hacía la casa de mis padres. Sucedió mucho antes de conocer a Dalia. Nunca le fui infiel. Ni siquiera me he acostado con 10 o 15 mujeres. Dalia fue la cuarta. Pero los descuidos nos dejan un muy mal sabor de boca... Por cuarta ocasión miro mi reloj, justo las 16:56. Ya solo faltan cuatro minutos para las cinco. Para darle mi mejor cara a la mejor parte del día. De pronto, como ha sucedido durante los últimos setenta y seis días, la tarde comienza a proyectarse con una majestuosa nitidez. El cielo es infinitamente azul y el sol esta brillando con más intensidad que cualquier día común. Me deshago de los pensamientos con lo que he aprendido a convivir aún cuando se empeñan en atacar a la menor provocación con una estrategia tan meticulosamente elaborada que terminan por librar muy dentro de mí, en mi cabeza, en mis entrañas, en mí interior batallas de horas, días enteros, semanas. Estoy esperando a quién me ha conducido por el camino menos maltrecho a una nueva ilusión. Margarita que parece caminar entre nubes hacia mí, sorteando a los peatones, a la señora del puesto de periódicos y a dos niños que la han hecho participe de un improvisado juego de pelota. Nos saludamos con un beso en la mejilla. De pronto su semblante se ha tornado tenso. Su mirada se posa en mi fiel seguidor, el bendito sobre. Con un rápido movimiento me ha arrebatado el sobre, ha tomado mis dos manos en las que deposita ya no un sobre arrugado con furia sino un recuerdo olvidado del pasado. Únicamente una mirada bastó para decidirnos a botarlo juntos en el contenedor de basura. Se ha inclinado hacía mi acercando su boca a mí oído para susúrrame que me ama, que me lo ha dicho mil veces, que soy un ser humano como cualquiera que lamentablemente tomó una mala decisión y que juntos superaremos éste duro proceso. A partir de hoy mi mañana se llenará con la sencillez de una margarita a la que prometo no deshojar ni lastimar. Después de un largo beso, caminamos tomados de las manos atravesando el parque, con la plena determinación de hacer una escala en las nieves de Don Lupe.
Nos leemos luego.